“...Llega siguiéndola hasta el límite del patio posterior y Karol estaba en el suelo estirada, completamente estirada y reconoce que se posiciona sobre ella y la comienza a apuñalar con las tijeras, en el cuerpo, no recuerda haberle dado puñaladas en la cabeza, pero sí recuerda que ella se pegó en la cabeza, momento antes, producto de una caída. No sabe cuántas puñaladas le pegó a la víctima. Supone que le pegó puñaladas en el tórax. Carabineros ingresó a la casa cuando la víctima estaba en el suelo y él la apuñalaba. Cuando empieza a pegarle el acusado dice que estaba borracho y cuando dispara carabineros recién ahí reacciona…”. 

El extracto publicado en el sitio web de el Poder Judicial corresponde al fallo que tomó lugar el 31 de marzo recién pasado, donde Marco Olmos (38) tras intentar asesinar con una tijera de podar a su mujer por 15 años y madre de sus dos hijos en común, Karol Pizarro, logró reducir una pena de cinco años de presidio menor en su máximo grado, a una pena de libertad vigilada intensiva- libertad con firmas- y una prohibición de acercase o compartir instancias con la mujer.

Lo más llamativo de esta caso, fue que una de las atenuantes a considerar por los jueces, fue que la mujer habría sido infiel, lo cual su marido habría sospechado y posteriormente confirmado con una llamada, la cual desató el intento de asesinar a la que habría sido su mujer por 15 años, y con la cual tiene 2 hijos en común. Sumado a eso, posterior a que Marco hubiese sido dejado en libertad la madre de la víctima, Trinidad Chacana, estuvo de acuerdo con la pena otorgada a su yerno. En declaraciones al diario El Día, la mujer dijo que no tenía nada malo para decir de él y que “la decisión de dejarlo en libertad me parece bien, porque sus hijos lo necesitan afuera y no adentro de la cárcel, si él queda preso qué va a ser de mis nietos. Los jueces vieron el comportamiento de mi yerno, las causas del caso, estoy completamente agradecida del Tribunal Oral de Ovalle, porque ellos partieron por lo más justo”.

Sumado a la polémica de la atenuante de infidelidad, la defensa de la progenitora de la víctima a quién casi provocó su muerte, dejó a todo un país atónito haciendo surgir una reflexión en torno a qué rol toman las mujeres en la defensa de su propio género, y en específico, en los casos de violencia familiar que en múltiples veces derivan en femicidio, el cual es incluso justificado por sus cercanos.

¿De quién es la culpa?

María José Guerrero, Socióloga y directora del área de estudios del Observatorio contra el acoso callejero, afirma a Publimetro que “un error principal es pensar que por ser mujer tienes que ser la resistencia y por lo tanto lograrás un cambio, siendo que no siempre es así”. La profesional cree que en casos de este tipo se promociona a través de distintos mecanismos una cultura para reproducirse. “Estamos ante una cultura patriarcal, machista, la cual fallaría si las mujeres no reprodujeran ese mismo patrón. En el caso de la madre de la víctima del femicidio frustrado, no es irracional que haya defendido a su yerno, sino lo contrario, es muy racional porque responde a un patrón de cultura de costumbre, de educación que viene de años. Hay madres que le dicen a sus hijas que no denuncien violencia, o que les critican su forma de vestir, eso responde a cómo funciona la cultura patriarcal”, explica. Además, la socióloga cree que "esto es un patrón social que se reproduce tanto en varones como en mujeres y lamentablemente es una cultura que funciona así, en modo de represión, de cohesión y eso es lo que hay que quebrar”, agrega.

Según María José, las mujeres no tienen la culta de reproducir prácticas machistas, ni tampoco de los varones necesariamente al realizarlas, pues es el aparato de los sistemas el que funciona a través de ellos. “Como buen sistema se reproduce y lo extraño sería que no se expresara en agentes sociales. Uno debería pensar que la madre de la víctima debería ser la primera en decir que no es un buen yerno, que hirió a su hija, extrapolar en que es un mal padre, pero lamentablemente que ella piense así, se debe al sistema”, puntualiza sobre cómo la cultura afecta en estos casos. “Ahí es donde hay que atacar, hay que tener ojo, no toda mujer va a luchar contra este sistema patriarcal porque se reproduce en todo sistema social desde las acciónes, el discurso, no es racional…es costumbre, educación, mitos”, reflexiona.

Por otro lado, Jessica González -Directora de Proyectos de Comunidad Mujer y psicóloga- cree que esto se debe a una construcción con cánones machistas el cual involucra a mujeres y hombres, con mensajes diferenciados para ambos. “En este caso, el valor asociado a las mujeres y lo femenino, hoy es nombrado con menor valor en la sociedad respecto a lo masculino. Desde una infancia temprana se construye a través de la familia, los medios de comunicación, instituciones, escuelas, sociedad, son distintos los canales que introducen e internalizan esta información haciéndola ver normal e incuestionable. Por eso es normal que muchas mujeres reproduzcan discursos machistas, al igual que los hombres, dándole a las mujeres menor valor social. Ellas fueron educadas desde esta perspectiva y jamás lo han cuestionado”, aclara.

Además Jessica cree que para llegar a cuestionar estos aspectos “es necesario crear un proceso de conciencia mayor que permita tener claro a las mujeres que cuando una tiene un discurso que avala y reproduce estereotipos de género, vas a encontrar coincidencias en el de los hombres porque a ambos les enseñaron eso, y que la sumisión es tu deber como mujer. Nosotras no somos las responsables exclusivas de esta construcción social y cultural”.

Lo más grave en este caso, según la psicóloga, es que la señal que da el tribunal es clara sobre cómo funciona hoy la sociedad. “Lo que ellos señalan es que las mujeres pueden ser asesinadas según su comportamiento, que este debe ser tal o cual o de lo contrario, será castigada y en eso está en pleno derecho. El hombre tuvo la intención real de asesinar a una mujer a pesar de que esta sobrevive al final, y no se lleva más que una firma como condena. Él no es considerado un riesgo a la sociedad, ni es castigado por su acción, sino que esta es justificada y esa es la señal de Tribunales a la sociedad: que las mujeres por tener menor valor social pueden ser asesinadas. En definitiva que una atenuante de infidelidad sea algo de valor que justifica la acción, que justifica el comportamiento, que sea una regla implícita de cómo debe comportarse, es un mensaje simbólico de que en este país, la justicia y el estado están a favor de que las mujeres puedan ser castigadas por su comportamiento e incluso asesinadas”.

Femicidios en Chile

La Ministra del Servicio Nacional de la Mujer, Claudia Pascal, por su lado también se refirió al caso diciendo que en Chile hoy las mujeres tengan que demostrar un maltrato habitual, es algo que se debe cambiar, además de otros aspectos como que el Sernam no tenga la facultad de querellarse en casos como este, donde la afectada no recibe el patrocinio de sus familiares a pesar de que sea víctima de violencia.

Sobre el tema legal afirmó que “Necesitamos generar reparación judicial en estos casos de violencia contra las mujeres y estos son ámbitos de trabajo entre los que necesitamos avanzar, ir por condenas importantes. Hoy existe un diagnóstico realizado sobre los nudos críticos que tiene nuestra legislación y queremos hacer la propuesta de modificación. Queremos trabajar junto al ministerio de justicia, y otros, para llegar con propuestas claras. Hemos recogido inquietudes de los parlamentarios, porque lo que queremos es que no quede el peso de la prueba de la violencia de las mujeres en las propias mujeres”.

Además se refirió al rol que cumplen las mujeres en casos como este, diciendo que "Esto es una consecuencia de nuestra cultura la cual es muy machista, y hemos sido educados en ella desde la más tierna infancia, por lo tanto también los procesos de maduración que se dan en la sociedad deben ir permeando las distintas instituciones y en estos ámbitos hay que trabajar. No todo queda en la ley también hay que apostar a los progresos culturales”.

“A partir de eso esforzamos nuestro programa de sensibilización. La transformación cultural y familiar, son necesarios para la protección de las mujeres. No podemos bajar los brazos, no todos tienen la misma comprensión del fenómeno tenemos que acompañar a las mujeres, no responsabilizarlas del fenómeno. Hay que hacerles ver que es posible protegerlas, que se pueden romper los círculos de violencia y hay muchas otras causas”, finalizó.

El femicidio se entiende como un homicido cometido contra la mujer que es o ha sido cónyuge o conveniente del autor del crimen. Según información del Sernam, en Chile el femicidio es castigado con condenas que pueden ir de quince años y un día de cárcel hasta el presidio perpetuo calificado. Hasta la fecha el 2016 han habido 12 casos en nuestro país, siendo el de Yuri Álvarez de 28 años -quién fue asesinada con un martillo por su esposo- el último registrado el 25 de marzo en la Región de Bío Bío.

PB/MC