Cuando una serie de casos de Femicidios consumados y frustrados azotan la realidad tanto de Chile, como de muchos países alrededor del mundo, otra arista da una luz de cambio ante esta realidad. Hace algunos años existe un programa que inició el año 2012 y que está enfocado en los hombres que asumen su realidad de violencia, y que en la mayoría de los casos por iniciativa propia, busca ayuda para cambiar antes de llegar a un punto extremo.

Los programas “Hombres por una vida sin violencia” (Hepva) pertenecen al Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), y están basados en un proceso psicosomático reeducativo, que se centra en la responsabilidad de los hombres en el ejercicio de la violencia, y está enfocado principalmente en prevenir que esta violencia sea utilizada en contra de las mujeres. Es importante saber que estos programas no corresponden a un tratamiento psicológico que busca apoyar a que los hombres recuperen su equilibrio emocional, si no que se enfocan en ser un proceso psicosocial reeducativo.

A lo largo de Chile existen 15 centros Hepva -uno por cada región del país- y a ellos se puede ingresar por iniciativa propia del afectado, tanto como por derivación de un tribunal. Su principal característica es que de los hombres que ingresan, la mayoría se ha visto involucrado en situaciones de violencia contra su pareja o intrafamiliar, pero ninguno ha cometido un femicidio de ningún tipo, sumado a que el factor más importante es que el involucrado debe tener voluntad de querer reeducarse, tal cual como podría ocurrir en un programa de rehabilitación de drogas, por ejemplo.

Sobre la situación de los hombres en el país la ministra del Sernam, Claudia Pascual, afirma a Publimetro que "En general, los hombres agresores no son psicópatas. Se estima que en Chile hay casi 2,8 millones de mujeres que viven o han vivido violencia y no hay 3 millones de psicópatas. Son hombres normales que naturalizan la violencia y que han aprendido a ser violentos porque vivimos en una cultura machista donde se nos permite no valorar a las mujeres y los aportes que realizan a la sociedad. Se normaliza el maltrato y las distintas formas de control y discriminación sobre ellas”. 

Además la autoridad explica que es importante que la sociedad entienda que la violencia contra las mujeres es algo que se aprende. "Al poner en la discusión pública estos temas, lo que estamos haciendo es cuestionar un modelo cultural que no sólo ha discriminado y castigado a las mujeres, sino que ha perjudicado a los hombres, con esta imposición machista. La tarea es ardua porque los cambios culturales toman tiempo y son los más difíciles de realizar. De ahí la importancia de que cambiemos nuestras costumbres y estereotipos, para erradicar la violencia contra las mujeres”.

La ministra además, destaca iniciativas del Sernam como este programa y agrega que en Chile “Necesitamos una transformación cultural profunda en nuestro país a corto, mediano y largo plazo, en donde hombres y mujeres, y en particular las mujeres tengan el derecho a vivir sin violencia, y donde hombres y mujeres podamos desarrollarnos y relacionarnos plenamente en el marco del respeto, la valoración, la no discriminación y la no subordinación”.

La realidad de quiénes lo logran

De este programa ya han egresado 5.317 hombres, de los cuales el año 2015 egresaron 133 a nivel nacional. Una vez que los hombres que se reeducan en el Hepva, tienen un seguimiento de nueve meses durante el año, el cual es telefónico y presencial. Al mismo tiempo, el organismo a cargo toma contacto con la mujer para evalular el verdadero impacto que ha tenido este tratamiento en la superación del tratamiento por parte del afectado.

Rubén Aliaga (54) en noviembre de 2012 llamó pidiendo ayuda a la línea del Sernam, luego que intentara pegarle a su mujer. Tras sentir que no se reconocía, y ganar el rechazo de su familia a raíz de su violencia, decidió cambiar.

Hoy es un hombre distinto, logró reeducarse y volverse, como él mismo afirma “una nueva persona”. Rubén hoy no solo es monitor del programa Hepva en la Región Metropolitana donde ayuda a otros hombres que están en la misma situación que él en el pasado, sino que además estudia Trabajo Social luego de que en su proceso de reeducarse encontrara “su verdadera vocación”.

Cuenta a Publimetro que en este proceso es fundamental que los hombres quieran participar de esta figura de no violencia, y que eso se ve reflejado en las cifras pues, de cada 10 hombres que ingresan, solo uno logra egresar.

“Tu ves en la primera sesión del taller un lunes a 50 hombres, al siguiente ya van 40 y cuando ya han pasado los primeros 3 meses, de los 50 que eran ya quedan 15, hasta que al final 3 terminan todo el proceso. Es largo, es difícil, te vas reestructurando y te das cuenta de la violencia generalizada que los hombres hemos producido”, cuenta Rubén.

“Ahí ves que desde todo punto de vista, consciente e inconsciente, la violencia es parte de tu cultura, de tu educación, de la sociedad que te crió machista y te dio esa sensación de superioridad de género que no mereces y que no corresponde”, aclara agregando que “en el programa yo cuestioné todo, mis mitos, mis creencias, boté todo lo que tenía dentro de mí. Fue un proceso de mirarme a mí mismo desde adentro y cambiar completamente”.

Desde su testimonio agrefa que “al final fue un proceso muy lindo, pero fue difícil. Tienes que destruir a quien tienes dentro de ti, y encontrar a quién eres. Yo no soy ni machista, ni feminista, porque esto no es una guerra de sexos, soy ‘igualdista’, estoy a favor de un nuevo cambio de estructura social, de que nos miremos como chilenos y veamos qué hacemos mal, que las personas a nuestro lado no son cosas, pueden hacer su vida, no tenemos derecho a violentarlas”.

Finalmente, hace un llamado a todos los hombres que han sentido que su violencia ha llegado a niveles extremos, incontrolables y dañinos a dar el paso de buscar ayuda y hacerlo por voluntad de querer ser distintos. “Cada uno debe sentir esto como una invitación a cambiar su vida, la de la mujer que aman, la de sus hijos, su familia, e incluso más allá…como una invitación para cambiar el Chile en el que vivimos. Yo hoy gracias a este paso soy feliz, pero sino hubiera decidido que este era el hombre que quería ser, quizás donde estaría en este momento”, remata.

PB/MC