Asumió su nuevo cargo como presidente de la Corte Suprema el 6 de enero de este año. Desde ese día, Hugo Dolmestch tuvo que enfrentar una mochila cargada de cuestionamientos, desconfianzas y baja credibilidad ciudadana hacia el Poder Judicial.
“La justicia es seria e igual para todos. Acá no hay ni habrá diferencia entre ricos y pobres. Queremos decirle a la ciudadanía que somos una institución que no está involucrada en ningún acto de corrupción y que puede tener plena confianza de que actuaremos siempre en busca de la verdad”, aseguró Dolmestch a Publimetro.  

Usted asumió en un momento en que el Poder Judicial, según usted mismo dijo en Icare, cuenta con un 90,4% de desconfianza de la ciudadanía.
-Sí y es muy lamentable. Estoy convencido de que el haberse descubierto que había ciertas cosas manejadas, hizo que la gente se decepcionara, sobre todo con las personas que administran el país. Eso produjo una desconfianza muy pronunciada. La gente ya no le cree a nadie, cree que la están engañando.

¿Le preocupa esta situación, considerando que usted ha estado ligado a la justicia muchos años de su vida?
-Me duele mucho. Es que yo soy padre y abuelo. Estamos cayendo en una forma de vida que no es la nuestra. Pero más me duele la causa por la que hemos llegado a esto. Hemos perdido como país, hace mucho tiempo, producto del mercado y su incentivo al consumo, la regla más elemental: saber qué es lo que queremos en base a lo que merecemos y podemos. Hemos perdido el norte, especialmente los jóvenes. Entonces vienen los desequilibrios y las desconfianzas.

Y cómo piensa usted revertir esta tendencia, considerando que este año nuevamente los tribunales estarán en la opinión pública por los juicios e investigaciones sobre corrupción a políticos y empresas.
-Una de las señales fuertes para recuperar la confianza es que la gente en el país note que en ciertos ámbitos se dice la verdad. Siempre me he planteado qué hubiera ocurrido en Chile, respecto de las personas que tienen el deber de juzgar las conductas ajenas, si alguien del Poder Judicial hubiera recibido cheques no muy santos... el país no habría tenido dónde recurrir. Y como eso no ocurrió, puedo asegurar que no es así, ni va a ocurrir, tenemos la legitimación para actuar. Y la actuación significa investigar, acusar y sancionar. Tal vez una de las primeras muestras de equilibrio y de vuelta al centro es que esa investigación sea lo más profunda posible y pueda aclarar de cara a la gente la verdad de lo que allí ocurrió. Y si es posible, ojalá, que deba sancionarse a los responsables.

Para que no se repita lo que ocurrió con la colusión de las farmacias…
-Es que podría ser una verdad o un fiasco que nos encontremos al final que no hay ley. En materia penal no se puede condenar a una persona porque se asemejaba o parecía a un delito determinado. Si usted no tiene una descripción perfecta de la conducta que quiere sancionar, sencillamente no tiene delito. No nos puede volver a pasar lo que ocurrió con las farmacias, en donde no se pudo sancionar porque no había ley. Ese fiasco no tendríamos por qué pagarlo nosotros.

Es que en el fondo la ciudadanía lo habría atribuido a una irresponsabilidad del Poder Judicial, como una puerta giratoria.
-Claro, la gente creyó que fue una irresponsabilidad o peor aún, que se arreglaron. Eso no nos puede pasar.

¿Y cómo piensa luchar contra eso?
-Pedí, a los que estamos en estas obligaciones, pero que tenemos como ventaja no estar metidos en esto, que estimémonos como un solo todo, es decir el fiscal que investiga, el policía que investiga, los defensores públicos o privados y los jueces que fallan y que resuelven los conflictos, que hagan todo el empeño para que esto sea lo más claro posible, y lo más profundo posible y le cuenten al país qué pasó, por qué ocurrió esto. Si explicamos al país qué pasa, lo va a entender. Queremos iniciar la reconquista de la confianza de la ciudadanía. Si alguien me dice la verdad, yo le empiezo a creer.

¿Usted ya manifestó a los jueces este nuevo lineamiento?
-Sí. A los jueces les he pedido públicamente que sean exigentes y pulcros en la investigación y en la determinación de los hechos. Y, pase lo que pase, en cuanto a la realidad final, que lo comunique  a la gente. Y si no lo hacen ellos, lo haré yo. Velaremos por la transparencia.

¿Qué opina de las críticas de que habría una justicia para ricos y otra para pobres?
-La justicia es igual para todos, no existe diferencia entre ricos y pobres. Sencillamente, los delitos fueron los mismos por años y con penas más bien bajas que en otros países. Entonces hoy cuando vemos casos de corrupción por millones y fraudes, la gente proyecta y cree que debe haber cadena perpetua. El problema es que no hay ley. Entonces nos hemos ido metiendo en la vorágine de delitos modernos, con leyes muy antiguas, lo que puede llevarnos a un fiasco.

¿Entonces, urge un cambio lo antes posible?
-Es un principio del derecho romano. No hay crimen ni hay pena si no hay delito. Y eso le da una cierta certeza. Hay que revisar la ley y hacer los cambios.

BENEFICIOS INTRACARCELARIOS
Usted ha puesto el énfasis en su gestión en lograr la rehabilitación de los presos,  más que enfocarse meramente en el castigo.
-En general la gente cree, culturalmente, que en Chile todo se paga con cárcel. El problema es que no sólo se paga en las cárceles sino que, además, se aumenta la capacidad delictual, además de que viven en condiciones miserables. Es por eso que nunca he estado de acuerdo con eso. Pero en especial, quiero centrarme en rehabilitar a los menores de edad, a los adolescentes, sobre todo a los vinculados con las drogas. Por ello, estamos pidiendo algunos estudios para fortalecer algunos juzgados, porque creemos que es más fácil recuperar a un muchacho que a un adulto.


¿Qué mejoras tiene previstas en las cárceles?  
-Respecto de las cárceles, no puedo arreglar el sistema carcelario, por presupuesto. Pero al menos puedo hacer que las cosas que se ofrecen allí tengan un dejo de realidad. El Estado tiene una doble responsabilidad con esta gente. Debe ser garante de mantenerlo vivo y alimentado, y la segunda responsabilidad es rehabilitarlo hasta que se pueda. Y una forma de rehabilitar a una persona que está esperando que pasen los días y poniéndose más malo, rebelde, es justamente que tenga un poquito de esperanza, y que no se transforme en frustración. Estamos revisando los reglamentos internos de las cárceles y las formas en que se trata a esta gente, por ejemplo.


Usted señaló hace poco, a través de un medio radial, que iba a revisar los beneficios intracarcelarios, y que eso incluía a los condenados por derechos humanos.
- Me voy a meter en un forro diciendo esto. A mi juicio, todos los presos son iguales, también tienen derechos. Ya tienen condenas muy altísimas. Sé que me van a criticar por esto, que me dirán que esta gente fue súper mala. Pero, quiero que tengan en claro que no se trata de abrir las cárceles ni entregar beneficios especiales, sino de que tengan mejores condiciones.