En febrero de este año, Michelle Bachelet recibió en La Moneda a Dilma Rousseff en el marco de la primera visita oficial a Chile de su segundo mandato presidencial. Casi tres meses después, y de madrugada, 55 senadores votaron a favor de un juicio político -o impeachment- contra la mandataria, acusada de alterar cuentas públicas para maquillar un déficit presupuestario.

Si bien la agenda oficial en dicha oportunidad señaló que ambas jefas de Estado tratarían temas pendientes de carácter bilateral, sus administraciones eran marcadas por cuestionamientos y, en el caso chileno, la débil frontera existente entre dinero y política. Incluso, un rumor que conjugaba las palabras renuncia con Bachelet circuló profusamente.

Mientras la ahora suspendida presidenta indicaba que "la lucha por la democracia no tiene fecha para terminar", el nombre de Michel Temer aparecía, ya que tomará el mando del país por hasta 180 días, abriendo aristas que podrían ser miradas con atención en la región, tal como lo expresó a Publimetro el cientista político Guillermo Holzmann.

"Tenemos una situación en el cual las democracias de América Latina han mostrado una cierta debilidad en relación a cómo se ejerce el poder, provocando un conflicto entre el Ejecutivo y Legislativo. Hay una tendencia a concentrar las responsabilidades en el jefe de Estado", señaló.

Para Patricio Gajardo, cientista político y académico del Centro de Derecho Público y Sociedad de la Facultad de Derecho de la USS, lo vivido por Rousseff "al margen de las discusiones que se pueden hacer desde un punto de vista político", refleja que "en el caso brasileño las instituciones funcionan y son capaces incluso de destituir a una presidenta a partir de una acusación de maquillaje de presupuestos".

¿Qué puede pasar con Bachelet?

A juicio de Guillermo Holzmann, la jefa de Estado "queda parada en una perspectiva de observación, tomando en cuenta que los casos de corrupción en Chile afectan tanto al sector estatal como privado", sumado a que se transparentaría "la relación entre el Ejecutivo, Legislativo y la difucultad para sacar adelante la agenda", aunque descarta que el género sea un factor debilitante.

Precisamente, el liderazgo "maternal" que Michelle Bachelet ejerce actualmente hace, para Patricio Gajardo, que ambas situaciones sean complejas de igualar: "El de Dilma es totalmente diferente: es rudo, fuerte, sin carisma. El carisma lo tenía Lula. En ese sentido, demuestra que el liderazgo femenino no es para nada uniforme".

"Lo que demustra Dilma en relación a Bachelet es que las dos son mujeres con liderazgos diferentes, aunque tengan una línea ideológica coherente o común", expresó.

Otro punto que dificultaría el relacionar de manera directa los escenarios que vive la Presidenta de Chile con la actual mandataria suspendida, radica en el nivel de cercanía que ambas tenían con los otros líderes de la región, algo que Brasil hizo de manera mas explícita.

Si bien nuestra Constitución no tiene la figura del impeachment definida, Holzmann asegura que lo ocurrido en el gigante sudamericano "se va a tener como elemento referencial de un sector o grupo asociado al poder (en Chile), pero va a depender mucho de como evolucione la baja del crecimiento, como impacte en el empleo y como se haga frente a las demandas ciudadanas que hoy están expresadas, por ejemplo, en Chiloé".

Patricio Gajardo, a su vez, reflexiona que "en el caso chileno no tenemos este mecanismo y tampoco tenemos un Referéndum Revocatorio. No veo una situación que involucre a la Presidenta en hechos de corrupción donde ella aparezca directamente vinculada, no familiares".

Por último, Guillermo Holzmann aseveró que Michelle Bachelet, al igual que otros mandatarios, le va a dar su apoyo a Rousseff, ya que "todo hace pensar que no va a renunciar y se va a mantener en su defensa estos meses. La postura oficial de Chile va a ser de respaldo y apoyo a la presidenta hasta que termine el proceso. No habrá un cambio de comportamiento explícito".