Hay una parte de Chile en donde la palabra “verano” significa que se ve el sol las 24 horas del día: la Antártica. Y pese a que el Astro Rey está presente durante toda la jornada, las temperaturas oscilan entre los -30° y los -10°. Es decir, hace más frío que todo el resto del país. Y es ahí precisamente donde, desde mediados de noviembre a diciembre viven cerca de 40 personas entre representantes de las Fuerzas Armadas y científicos nacionales y extranjeros. 

Inaugurada en 2014, la Estación Polar Científica Conjunta “Glaciar Unión” presenta condiciones especiales para la investigación mundial. Ello, pues es el asentamiento antártico más austral del planeta al ubicarse a solo 1.080 kilómetros del Polo Sur. ¡Toma eso, resto del mundo! Sin embargo, aunque suene maravilloso, no lo es tanto cuando se deben hacer cuestiones básicas para la vida como dormir, ducharse o incluso, ir al baño. Porque en la Antártica no hay ampolletas, no hay cañerías para la ducha ni para las aguas servidas.

Así al menos lo describe a Publimetro Álvaro Morales, teniente y piloto de Twin Otter, quien junto a otras 39 personas debió vivir durante la primera parte de diciembre en esa zona.

Explica que, para organizarse mejor, las personas se dividen en módulos: los que duermen dentro de unos refugios habilitados para una decena de personas y quienes, a lo mochilero, deben instalar carpas para dormir en la intemperie.

“Eso se define en Punta Arenas, antes de iniciar la campaña”, dice. Sin embargo aclara que, por lo general, “adentro (del refugio) están los pilotos, el médico de la enfermería, los comandantes y los que trabajan principalmente en el puesto táctico” mientras que en las carpas están, en su mayoría, los científicos. 

Tanto el refugio como las carpas presentan diferentes ventajas y desventajas. Así, por ejemplo, quienes duermen dentro tienen el problema de luz solucionado, pues sus ventanas por lo general quedan tapadas de nieve. Sin embargo, los que duermen en carpas deben usar elementos como antifaces o contar millones de ovejas cuando quieren dormir. “El problema es que uno se acuesta y es de día, te levantas, y es de día; a cualquier hora es de día”, dice.

Otra de las complicaciones es ir al baño. Quienes están en carpas tienen acceso a un baño químico así que asunto arreglado, pero quienes están adentro del refugio, no.

“Los baños son un tarro al que les colocamos una bolsa de basura” dice. Sin embargo, ese implemento sólo se usa para quienes deseen “hacer del dos”. Porque aquellos que sólo quieren orinar, deben hacerlo dentro de un recipiente que reciba la orina. “Tiene que ser así porque cuando uno termina, debe sacar la bolsa o el recipiente y debe depositarlo en un basurero dispuesto específicamente para eso. Esos basureros están separados para heces y orina” explica.

De hecho, tanto es la rigurosidad de esta separación que incluso quienes quieran cepillarse los dientes, deben escupir en un recipiente especial porque también hay un basurero para recibir los gargajos.   

¿Por qué esta separación? Porque la Antártica no se puede ensuciar por ley. “Toda la basura que se produce en la base, se va al continente americano. Todo, desde la comida, papeles, y las heces”, dice. 

Ducharse y tomar té

Pese a estas complicaciones, hay cosas agradables que tiene la antártica, como por ejemplo, tomar café. “El agua potable nos llega en bidones, pero por ejemplo, para hacer té o café, nosotros derretimos nieve”, dice el piloto. ¿Qué mejor que tomar tecito con aguas milenarias? 

“Whisky, ¿pueden tomar con un pedazo de la Antártica?”, le preguntamos. “Se agradecería si se pudiera pero no, no se puede”, explica. Por el whisky, obviamente, porque aquí nunca se van a quedan “en panne de hielo”.

Por otra parte, para mejorar la convivencia, también deben ducharse. ¿Cómo lo hacen, si no hay cañerías? A la antigua. “Tenemos como unos termos gigantes donde echamos la nieve, esperamos a que se derrita, se calienta cuando está convertida en agua”, dice. Después de eso, la mezclan con agua helada y ahí se la tiran con una “pera”, populares en los camping y “que se cuelgan para que salga el agua”, dice el piloto.

Finalmente, el aseo. “Hay una lista”, afirma el teniente y explica que todos deben hacerlo, pero dependiendo del sector en el que estén. “Si estás en las carpas, tienes que limpiar el baño químico. Si estás en el refugio, el baño con el ‘tarro’. Pero las duchas, ahí tenemos que hacerlos todos” explica con la cara llena de risa. Porque al fin y al cabo, ¿qué importa limpiar un par de horas en un continente que entrega tan maravillosos paisajes cargados de nieve? “Es espectacular. La experiencia es espectacular” confiesa mirando al horizonte, el mismo por donde el sol, en este verano como en ningún otro, no se esconderá.  

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