El embajador chileno en Filipinas Luis Fernando Lillo Benavides se encuentra en el centro de la polémica luego de una serie de acusaciones de maltrato laboral por parte del personal que trabaja en la sede diplomática de dicho país.

Según informa El Mostrador, el pasado 15 de octubre cinco trabajadores originarios de la nación asiática enviaron una carta escrita en inglés al canciller Heraldo Muñoz donde denunciaban este hecho.

En la misiva, acusaban al diplomático de 65 años de “trato inhumano y degradante”, agregando que  “hemos sentido el desprecio hacia Filipinas y su población” desde que arribó a su cargo en 2014.

En tanto, en marzo del presente año también expusieron sus quejas en la encuesta de clima laboral que, desde hace un año, elabora la nueva Unidad de Clima Laboral de la Cancillería.

Por este motivo, el 23 de octubre se efectuó una videoconferencia en la que los tres funcionarios filipinos que siguen en la misión chilena relataron los sucesos que han vivido con el embajador. Por su parte, dos diplomáticos nacionales que trabajan en el lugar confirmaron la versión de los trabajadores locales, indicando que no se hicieron parte de la mencionada carta al canciller debido a que Lillo es quien los evalúa y sentían temor de ser perjudicados.

Ante esto fue llamado al país a que entregara explicaciones, manteniéndose en Chile cerca de dos meses.

Este sin embargo no es el único hecho que retrata el actuar del diplomático. El sacerdote misionero chileno Luis Eduardo Zapata Fuenzalida, párroco de la diócesis de Caloocan en Manila envió una carta a la Presidenta Michelle Bachelet para informar sobre esta situación.

“Movido en conciencia por el bien y el honor de mi Patria, conociendo la motivación de usted por ayudar a los más débiles y su lucha por la igualdad de todos, le escribo esta carta de modo urgente, ya que me parece que debe estar informada antes de su llegada a Filipinas de una situación que requiere de inmediata solución”, sostuvo antes de la visita de la Mandataria en noviembre.

“Los escuché detenidamente por casi dos horas y me enteré de detalles que me parecieron inaceptables y que podrían ser causa de escándalo cuando son realizados por cualquier empleador y que son mucho más graves cuando son realizados por el embajador que representa a la República de Chile”, indicó respecto a una cita que tuvo con los trabajadores que acusaban a Lillo.

En ese sentido, relata que el embajador cuando se enoja castiga a sus funcionarios filipinos con 15 minutos de colación. También los obliga a comer de pie y no los deja sentarse. “A modo castigo los deja hasta las ocho o nueve de la noche”, agrega también, pese a que el horario en el país es entre las 08:00 y las 14:00 horas debido al calor que reina en Manila.

"De los cinco choferes que ha tenido la embajada, a uno de ellos no lo dejó ir al entierro de su padre, lo que en la cultura filipina constituye un insulto para la familia del fallecido”, remarcó.

Ante esto, el canciller Heraldo Muñoz se reunió con los trabajadores filipinos antes de la llegada de Bachelet al país asiático, en donde se comprometió a tomar medidas y que se haría una investigación sumaria, la cual se mantiene en curso,  en donde el expediente es secreto.

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