A las redes de pesca en desuso, que contribuyen a la contaminación de los océanos, se les da una nueva vida en Chile. Una empresa local las recicla y fabrica con ellas lentes de sol y patinetas.

En Caleta Tumbes, cerca de la localidad de Talcahuano (sur), los pescadores cambian sus redes 15 a 20 veces por año. Hasta hace poco, las abandonaban, usadas y gastadas en medio del océano, las quemaban o las acumulaban en los patios de sus casas, generando, en cualquiera de los casos, un foco de contaminación.

Pero hace dos años todo eso cambió. Hoy, los pescadores depositan los fardos de plástico en pequeños contenedores en la playa, para que la empresa Bureo ("ola" en mapuche) los recicle.

"Ha sido una solución para ellos. Porque ya no tienen que estar acopiando las redes en sus casas, lo cual le puede generar un tema sanitario. No tienen tampoco que llevar las redes a la playa y quemarlas", generando así humo tóxico, explica a la AFP Ramón Bello Maldonado, presidente del sindicato de pescadores de Caleta Tumbes.

Además de ayudar a los pescadores, la iniciativa también tiene cierta importancia fuera de este pequeño puerto chileno.

Según un informe de Naciones Unidas, unas 640.000 toneladas de redes de pesca han sido abandonadas en el mar, lo cual representa cerca del 10% de la contaminación de plástico en los océanos, uno de los grandes problemas ambientales para el ecosistema marino.

Cada año, miles de especies quedan atrapadas en estas redes que navegan a la deriva y suponen también una amenaza para las embarcaciones que surcan los océanos.

Según estimaciones oficiales, estas redes tardan unos 400 años en degradarse.

Tres amigos surfistas

En Caleta Tumbes, cuando se acumula una cantidad suficiente de redes en desuso, la carga se traslada a Santiago, a unos 500 km de distancia, donde se realiza el proceso de reciclado.

Luego de ser lavadas, las redes son trituradas y fundidas para formar una especie de pasta que es la materia prima con la que se producen los lentes y los skates.

Las tablas de las patinetas se fabrican en Chile pero se terminan de armar en Estados Unidos, donde luego se venden por alrededor de 150 dólares.

Los lentes de sol se elaboran en Italia y son vendidos en internet y en tiendas por un precio de unos 140 dólares.

Detrás de la idea de reciclar las redes de pesca están tres estadounidenses: tres amigos ingenieros mecánicos y aficionados al surf que decidieron convertirse en empresarios y crearon la compañía Bureo.

"Nos dimos cuenta que el problema del plástico en el océano es enorme. Lo veíamos en todos los lugares a los que viajamos para hacer surf o visitar las costas", recuerda uno de ellos, Ben Kneppers, un californiano radicado en Chile.

"Entonces, pensamos que si combinábamos nuestras especialidades de diseño industrial, sustentabilidad y finanzas, quizás podríamos hacer algo al respecto", relata.

En dos años de funcionamiento, la empresa ha reciclado unas 50 toneladas de redes de pesca, vendido más de 4.000 patinetas y 2.000 lentes de sol, y generado un volumen de negocios de más de 500.000 dólares.

El equipo acaba de iniciar una colaboración con un sindicato de pescadores en California para crear un proyecto similar.

En octubre del año pasado, Bureo fue premiada por su innovación en Chile.

La empresa destina parte de las ganancias al desarrollo de proyectos locales para concientizar a los pescadores sobre la contaminación marina.

El reciclaje de las redes también contribuye a limitar las emisiones de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero.

"El material reciclado tiene un efecto positivo, no solo porque es plástico que no se arroja a la basura, sino también porque reciclar el plástico consume mucho menos energía de lo que se precisa para producirlo", afirma de su lado, Christian Álvarez Compagnon, responsable del reciclaje en Comboplast, empresa asociada de Bureo.

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