A inicios de esta semana entró en vigencia la Ley de Etiquetado de Alimentos, la cual obliga a los productos altos en calorías, grasas saturadas, azúcares y sodio llevar un disco pare que haga explícita la advertencia. Sin embargo, los encargados de quioscos de colegios, que ya no pueden vender productos ‘chatarra’ en estos establecimientos, advierten un aumento de 25% en los precios de su oferta (lo más barato sería una fruta, a $200).

Para el experto en marketing y comportamiento del consumidor de la Universidad de Santiago, Enrique Marinao, un efecto de este tipo implicará que la ley no impulsará mejores hábitos alimenticios en toda la población, debido a que “los sectores socioeconómicos medio y bajo no van a tener los ingresos suficientes para solventar esta subida de precio. Este nicho seguirá consumiendo lo que les alcanza”.

El académico de la Facultad de Administración y Economía del plantel estatal sostiene que “la ley está segmentando maliciosamente a los consumidores desde sus inicios. Los ricos seguirán comiendo saludable, mientras el pobre tendrá que seguir comiendo lo que los empresarios poco éticos lancen al mercado al precio de su nicho de mercado”.

“¿Quién tiene acceso al consumo saludable? El estrato alto, donde el precio demanda es elástico y les da lo mismo cuánto pagar”, agrega.

El doctor en ciencias empresariales explica que “no es posible que, para que el consumidor adquiera hábitos de consumo de alimentos sanos, este tenga que estar pagando más por aquellos. No puede ser que mi consumo saludable tenga que costearlo con mayor precio porque las empresas no están dando el ancho para producir como deberían”.

Efecto = 0

El ingeniero comercial es escéptico respecto del impacto de los logos que establece la ley en los hábitos alimenticios de la población. “No puede ser que, en primera instancia, la única vaga información que tenemos es si es alto en sodio, alto en grasa y, después, tengamos que entrar a leer la letra chica, de que el consumo por sobre los 100 gramos hace mal para la salud”.

Según Marinao, “habría que preguntarle al sector político-legislativo y gubernamental cuál es la negociación que tuvieron que hacer para sacar esta ley, porque en términos de información es una ley muy compleja. Un niño no entiende de buenas a primeras el significado del logo. A largo plazo, esto no tendrá ningún impacto, será igual a cero”.

El especialista agrega que “la publicidad que se está haciendo para persuadir a los consumidores va a lograr su peak en el corto plazo. A mediano y largo plazo, eso no será efectivo y por más que tengamos diez signos pare en los productos, las personas van a seguir consumiendo lo que por costumbre y hábito ya consumen”.

El fondo del problema

Para el académico, la Ley de Etiquetado es solo “un elemento paliativo a la salida de un proceso. A la entrada, está que se fiscalice que los productos de toda la cadena productiva no sean ‘altos en’”.

El experto agrega que “el trasfondo de lo que estamos hablando hoy es que hay un grupo de empresarios que están utilizando insumos que son altamente dañinos para la sociedad y nadie ataca este punto”.

“El producir maliciosamente con productos que se ha comprobado los daños que tienen en la obesidad es actuar maliciosamente, con un filtro poco ético, sin fiscalizar los procesos productivos con que estamos lanzando productos al mercado”, concluye.

PB/MC