“Sobre asignación de órganos y desigualdad”. Así partió titulando su reflexión el Presidente de Iguales y también enfermo renal crónico, Luis Larraín, donde hace unos días se refirió a un debate que se ha tomado la contingencia nacional, sumado por supuesto, a las redes sociales.

A propósito del doble trasplante que recibió Jacinta Zañartu, muchos comentarios surgieron acusando que la clase social a la que pertenece su familia, era la causa de que su caso fuera prioridad nacional y además, fuera masivamente viralizado por los medios de comunicación.

¿Existe o no un privilegio en términos de cómo se distribuye la prioridad en esta lista? Larraín hace énfasis en destacar que no es el primero, ni el último en decir que no existe un privilegio de ningún tipo en la distribución de órganos en Chile.

“En nuestro país el 75% de quienes reciben un órgano tienen Fonasa, lo cual es similar al porcentaje de chilenos en general que tienen Fonasa. La Lista de espera es manejada por el Instituto de Salud Pública (ISP), un órgano estatal que asigna los órganos según criterios técnicos y no económicos, ni políticos”, escribió el fundador de Joven Confundido.

En esta reflexión, Larrain habla del puntaje que recibe cada una de las personas a la espera de un donante, según el órgano que necesiten y los criterios básicos para hacerlo efectivo.

"Me gustaría entrar en más detalles para que se entienda cómo opera la asignación de los órganos provenientes de donantes cadavéricos. En el caso del riñón, que es el que más conozco, obtiene el órgano donado quien, además de contar con criterios básicos como compatibilidad del grupo sanguíneo, tenga el puntaje más alto en una fórmula que pondera en porcentajes distintos tres factores. El factor que más pesa (60%) es la histocompatibilidad, es decir, la compatibilidad del tejido, que es determinada por el grado de coincidencia entre ciertas características de las moléculas del sistema inmune del donante y el receptor. Se miden seis características; mientras más se comparten, mayor el puntaje. Yo, por ejemplo, compartía cuatro de las seis con el donante de mi primer trasplante, lo cual me dio un alto puntaje, y tres de las seis con el donante del segundo, mi hermano, aunque ahí no había puntaje porque era un donante vivo. El segundo y el tercer factor pesan lo mismo: 20%. Uno es la presencia o no de anticuerpos específicos dirigidos en contra de las moléculas del sistema inmune del donante, que, de existir, favorecen el rechazo del injerto. El otro es simplemente el tiempo de espera: a mayor tiempo, mayor puntaje. Quien tenga el mayor puntaje total, se queda con el riñón. Es por esto que la frecuente pregunta que nos hacen a los pacientes renales en lista de espera -“¿en qué número estás en la lista?”- no aplica: no hay una lista correlativa sino muchos pacientes con características genéticas distintas y tiempos de espera distintos”, explicó.

Después siguió diciendo que "ahora bien, la sensación de privilegio en la asignación de órganos se da probablemente por la cantidad de personas de clase alta que hemos visto recibiendo órganos en los medios de comunicación. La mayoría recordamos, además de Jacinta, a los jóvenes hermanos Felipe y José Cruzat y Cristóbal y Trinidad Gelfenstein, al pequeño León Smith, al exministro Edmundo Pérez y quizás a mí mismo. Pero esta corta lista de nombres, al lado de las 400 personas que se trasplantan cada año en Chile, es muy pequeña. ¿Por qué nos enteramos solo de los casos de personas de familias acomodadas? Probablemente porque esas familias tienen más redes para visibilizar su caso a través de las redes sociales y también porque los medios de comunicación tienen un sesgo socioeconómico en lo que cubren. ¿Alguno de ustedes ha escuchado hablar de Renato Parra? Bueno, después del trasplante de Jacinta, Renato, oriundo de Talcahuano, es la prioridad nacional de trasplante de pulmones y los está esperando en el Hospital del Tórax, público. Hasta ahora no lo he visto en televisión. En cuanto al sesgo de los medios, para algunos es inevitable, pues quienes más aparecen en ellos son las autoridades políticas y los propios comunicadores, quienes, por su solo sueldo, pertenecen automáticamente a la élite".

Además, Larraín explicó que las familias de clase acomodada sí tienen mejores posibilidades de trasplante, no porque el sistema los favorezca, sino que porque tienen mayores posibilidades de llegar con vida a uno, pues pueden pagar mejores tratamientos y especialistas. "...Creo que las personas de clase alta sí tienen mayor probabilidad de trasplantarse. No porque el sistema de asignación de órganos las favorezca, sino porque tienen mayor probabilidad de llegar relativamente sanas y con vida a un trasplante, producto de la mejor calidad de vida y más oportunidades en la vida en general", consignó.

Finalmente reflexionó sobre que en realidad en Chile, no es el sistema de trasplantes el que debe cambiar, sino que el sistema de salud en general, que es el que produce las desigualdades.

Lee la reflexión completa aquí y cuéntanos qué te parece lo que plantea Luis Larraín:

PB/MC