“Chile retoma tras casi medio siglo su vieja tradición republicana de despedir y homenajear mediante un funeral de Estado, en democracia, a uno de sus Presidentes de la República". 

"Lamentablemente ni el Presidente Frei, asesinado en dictadura, ni el Presidente Allende, inmolado el fatídico 11 de septiembre de 1973, pudieron recibir de las principales instituciones de la República y del pueblo de Chile, un homenaje en tiempos de paz, tranquilidad y con plena vigencia de los derechos civiles y las libertades públicas”. 

Con estas palabras, el senador y presidente del Partido Por la Democracia, Jaime Quintana, homenajeó al fallecido ex mandatario Patricio Aylwin Azócar, durante su velatorio en el salón de honor del ex Congreso Nacional. 

A juicio del parlamentario, “hoy nos reencontramos con nuestra historia democrática y republicana y lo hacemos en torno a un hombre que se definió por sobre todas las cosas como un servidor público y un hombre de Derecho”. 

Asimismo, destacó que “el Presidente Aylwin fue un hombre de mucha fuerza y coraje. Buscó la verdad, a través de la creación de la Comisión Rettig y, luego de leer el informe, pidió perdón a nombre del Estado de Chile por las violaciones a los derechos humanos en la dictadura, siendo el dictador comandante en jefe del Ejército. Ese solo acto merece eterno respeto a su persona. Hombre sencillo, Presidente de todos y de todas”. 

Quintana también recordó cuando “cientos de líderes y dirigentes mapuches firmaban un documento histórico para la naciente democracia, junto al entonces candidato presidencial de la Concertación: el acuerdo de Nueva Imperial. En un momento don Patricio dice a un alto dirigente político de aquellos años ‘nosotros esperamos 17 años para la democracia. No es nada con la espera de este pueblo’. Fue una frase con una pausa gigante casi al ritmo de una conversación mapuche. Son palabras que todavía resuenan en toda la Araucanía y el país”. 

Por lo mismo, afirmó que “don Patricio fue capaz de abrir caminos, donde muchos de sus contemporáneos sólo veían un muro infranqueable que alejaba a Chile de sus tradiciones democráticas más que centenarias. Gracias a personas como él, no solo se produjo el reencuentro entre los progresistas social cristianos y los militantes socialistas que apoyaron el Gobierno de la Unidad Popular, sino que por sobre todo se constituyó una nueva y sólida fuerza política que ha sido capaz de darle dos décadas de paz, gobernabilidad y desarrollo social y económico al país”. 

El desafío actual, agregó Quintana, es “ser capaces de ampliar y consolidar, para poder superar, dentro de las próxima década nuestra condición de país en vías del pleno desarrollo de sus capacidades productivas, para traer bienestar, justicia social e igualdad a todas las chilenas y chilenos”. 

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