“Se fue mi princesa, ya está descansando y voló así a un mundo sin dolor. Descansa mi princesa”. Así Andrea Osses (34) despedía a su hija Florencia Sandoval, de un año 8 meses, el día de ayer luego que falleciera esperando un trasplante de hígado. La pequeña esperaba poder recibir un trasplante en vida de cualquiera de sus padres -ambos compatibles- pero la situación de escasos recursos de sus progenitores, y la demora por una fecha en el hospital, hicieron que fuera demasiado tarde para la menor.

Florencia nació con una enfermedad hepática, la cual le fue diagnosticada a pocos meses de vida. “A los 6 meses nos dijeron que un trasplante de hígado era la única opción que tenía para vivir. Se le hizo una operación de salvataje para prolongar un poco el tiempo de espera, pero no resultó. Los médicos nos dijeron que había que trasplantarla lo antes posible, pero lamentablemente el tiempo se hizo poco para ella. Hubo un tiempo que estuvo muy bien, un poco decaída, pero la mayoría del tiempo siempre estuvo en condiciones de ser trasplantada”, relata a Publimetro Cristián Sandoval (30), su padre.

Y es que la menor se encontraba en condiciones estables hasta que una bacteria la atacó, dejándola en la UCI. Y no solo eso, además sus padres tenían hígados compatibles para realizar un trasplante en vida a la pequeña, por lo que no tenían necesidad de esperar un trasplante de alguien ya fallecido. El problema, fue que los médicos a cargo aplazaron tanto la fecha que el tiempo se hizo poco para Florencia. “Su cuerpo no dio más, su problema hepático comenzó a afectar otros órganos como el bazo, el corazón, y eso comprometió más aún su hígado. Se le acortó el tiempo, y mientras los doctores a cargo del trasplante fueron posponiéndolo y posponiéndolo, hasta que mi hija tuvo tanto daño que no resistió más”, cuenta afectado Cristián. “Y no solo eso, ella nunca tuvo el tratamiento adecuado, hasta sus últimos respiros jamás la vio ni un cardiólogo, un hepatólogo o un neurólogo. Solo la gastroenteróloga que estaba a cargo de preparar su trasplante. Nosotros no necesitábamos a otra persona para que ella viviera, podíamos donarle un pedazo de nuestro hígado, pero tuvimos que atenernos a los tiempos de espera del sistema público y lamentablemente el tiempo no alcanzó”, agrega.

La pequeña de origen se atendía en el hospital San Juan de Dios, donde se controlaba periódicamente, pero su trasplante iba a llevarse a cabo en el Hospital Luis Calvo Mackenna. Su padre relata que cotizaron en clínicas privadas el costo de la operación, pero que esta tenía un costo de 120 millones de pesos, una cifra que no pueden costear por el ingreso de la familia. Cristián se desempeña como vendedor ambulante, luego que tuviera que renunciar a su trabajo anterior para poder cuidar de su hija. 

“Nosotros estamos tranquilos, sabemos que le dimos todo lo que pudimos, somos una familia de escasos recursos, pero somos jóvenes y trabajamos. Yo llevo 8 meses cesante y aún así juntamos cada peso para costar la enfermedad de mi hija que es carísima, sumado al costo de sus remedios y tratamientos, que cubrimos por completo. Lamentablemente, somos víctimas del sistema, ese que no le dio la oportunidad de vivir a Florencia porque no tenemos dinero. Si hubiéramos podido costear una clínica privada, ella estaría viva”, agrega.

Además Cristian relata que querían donar los órganos de Florencia, al igual que lo hizo la familia de León Smith, pero que estaban tan comprometidos que no se podía rescatar nada. “Mi señora se comunicaba mucho con la mamá de León Smith, el dolor que ellos sufrieron nos toca también a nosotros, y es terrible pero por lo menos tuve la suerte de tener a mi pequeña en mi vida”, finaliza emocionado.

“… por favor, no cierren los ojos al ver el dolor de un angelito, cuiden y beses mucho a sus hijos porque nadie sabe cuando el destino te aleja de un ser amado. Adiós mi pequeña valiente y gracias por haberme escogido como tu madre”, se despide la madre de Florencia con su foto por última vez en Facebook.

PB/MC