Hace algunas semanas conocimos el caso de León Smith, un pequeño de cuatro años que necesitaba un corazón artificial para poder esperar un trasplante de corazón. Luego de sufrir siete paros cardiacos por la miocardiopatía que padece, el menor fue operado para recibir este dispositivo, el cual fue importado desde el extranjero, y el que le permitirá esperar un plazo de dos años.

El fin de semana recién pasado, León cumplía 44 días dormido. El domingo, en su día 45, despertó estable con hartos temblores pero moviéndose de a poco. Hoy ya se encuentra de mejor ánimo y evolucionando favorablemente, incluso con la posibilidad de poder pasar pronto de una mascarilla de ventilación a una no invasiva donde podrá estar 100% despierto. Pero, a pesar del favorable pronóstico del menor, este procedimiento ha implicado varias dificultades para su familia.

Juan Smith, padre del pequeño, denuncia a Publimetro que a pesar de existir dinero estatal para estos fines, las tecnologías necesarias para el tratamiento -como el corazón artificial- tienen un alto costo y no son cubiertas por la salud chilena al “no estar codificadas en la asistencia ventricular”. Esto provoca que las isapres no tengan la obligación de pagar estos tratamientos y que las familias que los necesiten deban cubrir sus costos. En su caso, su isapre cubrió solo el 40% de la operación de León y hoy mantiene una deuda de 700 millones de pesos, entre los cuales se incluye el impuesto que cobra el Servicio de Impuestos Internos (SII) por importar el corazón artificial desde el extranjero. 

La lucha por León

El papá del menor expone que el estado en otros casos, por ejemplo pacientes con Fonasa, ha cubierto en un 100% los corazones artificiales. “Nosotros no queremos que el estado se quede en buenas reuniones, queremos soluciones tanto para León como para todos los niños que pasen por esto", expone Smith. “Si no son codificados de manera urgente, le quitan la posibilidad a muchos niños de llegar vivos a un trasplante de corazón”, agrega.

Estos dispositivos de asistencia ventricular, el cual es el mismo que utilizó Felipe Cruzat hace años, al no estar codificados por el Estado no son accesibles para nadie que no tenga aporte del mismo. “¿De qué sirve que el Estado tenga dinero para trasplante si los niños no tendrán posibilidad de llegar a ellos?”, expone Smith quién afirma que su lucha como es familia es porque el país ayude a financiar estos tratamientos, reconociendo esto como una “solución real a la que muchos chilenos han accedido, y la cual les ha podido salvar la vida a muchos”.

“No queremos que nadie en nuestra situación más tenga que pasar por la pesadilla que hemos vivido nosotros al no estar protegidos por el Estado. Si no hubiéramos tenido ayuda de redes de apoyo y campañas para reunir una parte del dinero, tendríamos que haber dejado morir a nuestro hijo. No queremos una Ley León, como pasó con Emilia, Ricarte y Daniel, queremos soluciones reales”, finaliza Juan.

Los dispositivos de asistencia ventricular son fundamentales para prolongar el tiempo de espera para un trasplante definitivo. Estos son importados desde el extranjero y quiénes los necesiten deben financiar su costo sumado a una consola para que funcione, deducibles de seguros, impuestos, entre otros con un valor total  cercano a los $300 millones y sumado a la recuperación en el hospital, personal médico y más, el cual tiene un costo entre US$3 millones y US$4millones.

Puedes seguir la campaña de León en Facebook y Twitter. Si deseas colaborar en #LuchaxLeón puedes donar aquí:

Banco Security 
Cuenta Corriente: Nº E-2025719-01
Titular: Juan Guillermo Smith
Rut: 10.993.061-k
Mail: todosporuncorazonparaleon@gmail.com

PB/MC