A nueve días de iniciadas las movilizaciones de los pescadores artesanales de la Región de Los Lagos, los efectos de la suspensión de las actividades extractivas comienzan a sentirse con fuerza, particularmente entre los trabajadores de mar y sus familias, que a la preocupación por los perjuicios económicos, sociales y ambientales que acarrea la presencia de la marea roja, ven con incertidumbre el futuro en el archipiélago. 

En Chiloé, las mujeres y hombres de mar no están saliendo a la pesca ni a mariscar y tampoco a recolectar en el borde costero, aquello que caracteriza a los chilotes, y de lo que dicen sentirse orgullosos. 

Pedro Reyes, de 55 años, casado y padre de dos hijos, tiene su lancha de 11 metros de eslora, atracada en el muelle de Ancud desde hace dos semanas y todo parece indicar que la situación podría extenderse. No solo por el conflicto que tiene paralizado el archipiélago, sino porque, en la práctica, para los chilotes, a decir de Reyes, “ya no existe esta cuestión”. 

“Si aquí, pa’ nosotros, ya no existe esta cuestión. Y, si lo cierran, no va a ser un año, esto va a seguir. Las arenas ya guardaron ese líquido allí abajo, la arena ya se quedó con el bicho que mató los mariscos”, dice de entrada, mientras trabaja en la mantención del motor de su nave, la lancha “Doña Alba”. 

“El problema es que en esta bahía a nosotros nos cerraron de punta a punta toda la isla. Y resulta que aquí, todo esto está lleno de mariscos. Pero el problema es que ya no podemos salir. ¿Y qué pasa?: Van a tratar de tirarnos más para el sur y eso significa que hay que equipar mejor las lanchas, ver la comida, todo, porque todo esto es trabajo, y todo tiene que comprarlo uno”, advierte. 

Reyes vino hace varios años desde Dichato, en las costas de la Región del Bío Bío, a radicarse a la zona. En los tiempos de la llamada fiebre del loco se hizo de su lancha, que por entonces le costó 3 millones de pesos que pagó trabajando más al sur, en Punta Arenas. Hoy, da trabajo a cuatro personas, cuatro buzos que hechos a la mar bajan a las profundidades de las costas chilotas. 

“Es complicado, hay gente que tiene y otros que no guardan, que viven del día a día, y aquí nosotros ya le estamos echando mano los ahorros. Hemos tenido suerte, porque no hemos tenido temporales. Pero el día que ya se mande, junio, julio, no trabaja nadie”, explica. 

"Yo le doy pega a cuatro viejos, a cuatro familias. Y con esto, diario, estoy perdiendo entre 50 a 60 luquitas. Ya llevo quince días parado y ahora ya voy pa’ los 21, si pasamos esta semana”, se lamenta, mientras enciende un cigarrillo en el interior de la cabina de su nave, de la que es dueño y capitán. 

“Me aflige esta situación. Llevo aquí toda la vida, y a mí no me van a hacer una capacitación, pa’ agarrar un martillo y hacer una casa, menos de peluquero. Esa huevá’, téngalo por seguro, no lo sabemos. Nosotros no tenemos cabeza pa’ otra huevá que no sea la mar, mi amigo. Vea usted que hay viejos que tienen 85 años y siguen buceando, porque no saben hacer otras cosas. Nosotros sabemos trabajar en la mar, nacemos en la mar y jubilamos en la mar”, recalca. 

El capitán de la “Doña Alba” no se queda allí y al referirse al conflicto de estos últimos días, dice no estar muy esperanzado, porque cree que será necesario que las cosas adquieran otro tenor, como, rememora, pasó con Aysén, hace algunos años. 

“Aquí como no hay lucha, está todo conforme. Yo creo que una vez que haiga (sic), esto puede cambiar, porque en toda lucha hay heridos y muertos. Acuérdese que Aysén estuvo quince días guerreando y le cumplieron todos sus objetivos. Entonces, ¿tienen que esperar que muera alguien?, y eso es lo que está buscando el Gobierno”, dice tajante y alzando la voz. 

Consultado por la respuesta que ha dado el Gobierno a los pescadores de la región, asegura que lo de los bonos si bien pueden servir, no está claro el tiempo que se extenderá la crisis, a causa de la presencia de la marea roja en las costas de la zona. 

Reyes dice lamentar “la parada” en la que está el Ejecutivo y, particularmente, el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, al que dice haber conocido por la televisión en estos días, y al que considera como una persona que no conoce cómo viven los chilotes. 

“Que salga conmigo a la mar, pa’ que vea lo que es el sufrimiento y cómo es vivir, y ya que está en su oficina trabajando tranquilamente, que salga conmigo a la mar a buscar el mariscos, a ver dónde los pillamos, cuántas horas, días se necesitan, y después acarrearlos con temporal", interpela. 

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