Constanza Riquelme es una joven enfermera de 27 años, madre de un pequeño niño de ocho meses. Confiesa a Publimetro que hace casi un año, cuando tenía ya varios meses de embarazo, tomó un taxi cerca de las once de la noche en avenida Indenpendencia junto a su novio. Avanzadas varias cuadras el taxi circulaba lento y con un leve zigzagueo. “Nos miramos con mi novio y nos incomodamos porque notamos que algo no andaba bien. Él le preguntó al taxista si se sentía mal y se dio cuenta que venía cabeceando, a punto de quedarse dormido. Cuando lo increpó, al responderle al taxista se le trababa la lengua y se notaba que venía borracho”, cuenta la joven.

Historias como la de Constanza son más comunes de los que creemos, sin embargo las fiscalizaciones a conductores profesionales, como los taxistas, no son tan rigurosas como en otros países de Latinoamérica.

Un estudio de Global Partners, empresa que investiga sobre el consumo de alcohol y drogas en el trabajo, señala que el 12% de los trabajadores de la industria del transporte dio positivo al consumo de alcohol, dejando en evidencia la escasa regulación que hay en nuestro país a los conductores profesionales en el transporte público y privado.

La investigación se aplicó a 6.304 trabajadores de distintas áreas, de los cuales 1.411 correspondían a la industria del transporte, dentro de 14 empresas del sector. La metodología consistió en testeos en horas de trabajo, durante el ejercicio de las funciones.

El gerente de esta consultora, Patricio Labatut, señala que “no hay fiscalización en Chile sobre consumo de alcohol y drogas en los trabajadores de la industria del transporte. No existe hoy ningún tipo de ley o normativa que obligue a las empresas de transportes, públicas o privadas, a que manejen esta variable que tiene una incidencia de riesgo enorme”.

En relación a los países que han tomado medidas al respecto, señala que en el caso de Brasil o Estados Unidos, por ejemplo, ya cuentan con normativa una normativa que fiscaliza a conductores regularmente. “Brasil la promulgó hace menos de un mes, porque es de toda lógica. Piensa que en Chile no puedes tener a los usuarios del Transantiago a cargo de un chofer borracho y no te digo que eso sea a diario, pero eso pasa”.

Labatut concluye que “un chofer del Transantiago, un taxista o un chofer de un camión, esos personajes que no son particulares deberían ser fiscalizados con programas especiales y hoy no lo están siendo, como lo están haciendo en otros países”.

Desde el Ministerio de Transportes declinaron referirse al tema y señalaron que la facultad de fiscalizar consumo de alcohol en la conducción es exclusiva de Carabineros. Desde la institución, declararon que “se realizan controles y fiscalizaciones de tránsito en las diferentes calles, avenidas y rutas del país, a toda clase de vehículos. En cada una de ellas, y en base a los servicios preventivos dispuestos, se generan los correspondientes controles, incluidos los de alcotest”. Comentan además que “en caso de detectar a conductores bajo la influencia del alcohol o en manifiesto estado de ebriedad, se adopta el procedimiento de rigor, de acuerdo a lo estipulado en la normativa vigente. Además, con la autoridad respectiva, también se efectúan fiscalizaciones de alcoholemias en terreno, a través de controles vehiculares focalizados".

Este es un tema que preocupa en la Federación Nacional de Buses de Transporte de Pasajeros Interurbano (Fenabus). Su presidente, Marcos Carter, indica que “las empresas asociadas a nuestra federación tienen rigurosos planes de orden y seguridad. Y a pesar de que la ley no permite realizar exámenes de pelo a los trabajadores, las empresas establecen controles de salud acordes a sus necesidades, los que incluyen estos test de alcohol y drogas”, y destaca también que “falta un mayor fiscalización de la autoridad en este tema, en todos los sectores de la industria”.

Finalmente, el gerente de Asuntos Públicos de Automóvil Club Chile, Alberto Escobar, asegura que el problema del consumo del alcohol es transversal en todos los usuarios del sistema vial y los conductores profesionales no están exentos. “Pese a que existen dos legislaciones tan eficientes como lo son la Ley de Tolerancia Cero y Ley Emilia, la fiscalización aún es baja a nivel nacional y sólo se controla el 7% del total de las infracciones. Está comprobado que, en la medida que los controles se mantienen y aumentan, se incorpora el hábito”, acota Escobar.

En nuestro país, siempre el problema de alcohol se ha orientado “al automovilista particular y jamás se han hecho política pública o campañas de sensibilización para los conductores profesionales", argumenta el experto, y concluye que “es necesario que exista también una coordinación permanente entre autoridades, organismos afines y Carabineros (…) también es preocupante el abuso de medicamentos entre los conductores profesionales”.

PUB / DIG