Hoy se lanza oficialmente el cultivo de cannabis con fines medicinales más grande de Sudamérica, desarrollado en un predio de la localidad de Quinamávida, en Colbún, Región del Maule. El proyecto a cargo de Fundación Daya se desarrolla en asociación con 20 municipios del país, y la colaboración de Knop Laboratorios a cargo de la producción del fitofármaco. Además participan en el proyecto el Instituto Nacional del Cáncer, el Hospital San Borja Arriarán y el Hospital Las Higueras de Talcahuano.

Para la directora de Fundación Daya, Ana María Gazmuri, la concreción de este proyecto, tras una experiencia exitosa con el municipio de La Florida, “es muy importante, sobre todo por el apoyo de todas estas comunas a nivel nacional, lo que evidencia que hay gran interés por mejorar la calidad de vida de las personas que sufren".

Gazmuri agregó que este proyecto busca implementar "una plataforma nacional para el desarrollo del cannabis medicinal vinculado a la salud pública, alejado de la industria y de los intereses comerciales, democratizando el acceso a este tipo de tratamientos”.

Desde el Instituto de Salud Pública, Pamela Milla, jefa de la Agencia Nacional de Medicamentos, señala que este proyecto representa “un avance en términos de abrir la posibilidad de investigar y emplear la Cannabis para uso medicinal, promoviendo la investigación científica y desarrollo necesario para ello”.

Milla agrega que otro aspecto positivo es que se potencia “un sistema coordinado de control, evitando el desvío a usos ilícitos, tema en el cual Chile está comprometido internacionalmente ante la ONU“.

La alcaldesa de Antofagasta, Karen Rojo, uno de los municipios asociados, señala a Publimetro que la importancia de participar en este tipo de proyectos se da por que “en la zona norte tenemos una alta tasa de cáncer, particularmente de pulmón y vejiga, producido entre otros factores por la contaminación de arsénico.

Además destaca que “se ha demostrado que el aceite de cannabis ayuda en distintas patologías, como en la epilepsia refractaria, tanto en el dolor como en la disminución de los episodios de crisis”.

Desde Knop Laboratorios, empresa encargada de la extracción de los cogollos para la elaboración del aceite medicinal, su directora de Investigación, Jacqueline Ruz Miranda, señala que el proceso ha sido "positivo y demandante".

El proceso es largo y riguroso, el primero junto al municipio de La Florida en 2014 y el actual junto a 20 municipios, puesto que son las primeras experiencias de uso medicinal de cannabis en nuestro país con un alto nivel de profesionalismo. "Hemos dedicado muchas horas técnicas al desarrollo de la metodología analítica y los procesos productivos adecuados para la producción de este nuevo Fitofármaco", reflexiona Ruz Mirnada.

Agrega que en general, "se ha revisado gran cantidad de material referencial bibliográfico y sometido a numerosos ensayos tanto el material vegetal como sus productos extractivos de manera de contar con un proceso conocido y replicable dentro del marco de lo que es la industria farmacéutica".

Respecto de los beneficios para la salud de este tipo de tratamientos, la directora de Investigación de Knop concluye que "el objetivo del  desarrollo de este fitofármaco es contar con un medicamento, para un estudio clínico enfocado al tratamiento del dolor, náuseas, apetito y calidad de vida en pacientes oncológicos".

Visión internacional

Desde Uruguay, país donde se legalizó el autocultivo en 2013, el vocero de la Asociación de Estudios del Cannabis, Juan Vaz, señala que en el país oriental el tema del uso terapéutico no está tan avanzado. “Cualquier laboratorio puede pedir una licencia para experimentación y producción de medicamentos en base a cannabis, pero eso no se hace, no hay lugares donde puedas comprar un aceite con base de cannabis como la que se esta produciendo en Chile”.

La manera en que se ha utilizado de manera medicinal en Uruguay es “a través de talleres de extracción que realizamos en los clubes de cannabis, para que la gente fabrique de manera artesanal su propio aceite”.   

Respecto de la experiencia chilena, señala que “todo lo que han logrado con la iniciativa de Fundación Daya va a permitir una serie de avances y estudios clínicos, lo que va a generar conocimiento, que es lo que está faltando en Latinoamérica sobre esta planta”.