Caroline Edelstam tiene unos bellos y profundos ojos celestes que le brillan cuando habla de su abuelo. Un busto de él, Harald Edelstam, quedó desde ayer en el parlamento sueco como póstumo homenaje a esta suerte de héroe moderno que ayudó a escapar a unas 1.200 personas desde Chile en los días posteriores al golpe de Estado de 1973.

Con orgullo, Caroline es presidenta de la Fundación Edelstam, que recoge el legado de quien fuera embajador sueco en nuestro país y declarado persona non grata por la Junta militar y expulsado del país.

"El de hoy es un acto muy importante, un reconocimiento oficial a un acto heroico de mi abuelo", dice Caroline a Publimetro. Y agrega que "él fue una figura controversial, incluso para el mismo gobierno sueco, y terminó muy solo sus últimos días. Pero nos dejó como legado que todos los seres humanos tienen el mismo valor".

La fundación que lleva el apellido Edelstam apoya acciones civiles en favor de los desprotegidos y cada año premia a personas "que han tenido el coraje civil para defender los derechos humanos".

"Lo importantes es rescatar la memoria, que la gente de todo mundo jamás se olvide de la tortura, del sufrimiento humano para que esto nunca más vuelva a pasar en ninguna parte", cierra la nieta del ex diplomático.

La obra que desde este miércoles se encuentra en el rikstad o parlamento sueco fue elaborada por el artista chileno Luciano Escanilla, quien tardó seis años en materializar su sueño de que el busto estuviera en un lugar destacado. "Yo fui uno de los chilenos que gracias a personas como Harald Edelstam pude tener una vida digna en otro país", dice el escultor a Publimeto. "Se está haciendo algo de justicia con su memoria", concluye.