Están en varias esquinas, en distintas comunas y con productos de todo tipo. Los “carritos de jugo o frutas” se han vuelto paulatinamente parte de los diferentes rincones de la capital, donde sus vendedores -en su mayoría extranjeros- encontraron un nicho de trabajo en la vía pública, aunque este no fuera del todo autorizado. 

Santiago es una de las comunas que ha visto aumentar en número a estos vendedores y es por eso que, en conjunto con el Fondo de Solidaridad e Inversión Social (Fosis), iniciaron un programa de capacitación y de formalización de este comercio, el cual inició en junio del año pasado.

El programa "Santiago Sano, contempló a 40 vendedores ambulantes los cuales recibieron una capacitación para aprender sobre el correcto manejo sanitario de sus productos y sobre cómo emprender y administrar correctamente su actividad comercial. Además de eso, se formalizó y autorizó su actividad en la comuna de Santiago, y se les hizo entrega de un carro especialmente diseñado por un grupo de profesores y estudiantes de diseño de Duoc UC, para los cuales los beneficiados co- aportaron $200.000 en su fabricación.

La alcaldesa de la comuna, Carolina Tohá, afirmó a Publimetro que esto, además del programa "se enmarca también en la política de ordenamiento y control del comercio en la vía pública. En la comuna hemos buscado generar un mayor control del comercio ilegal, pero también hemos dado oportunidades para que los emprendedores se puedan regularizar”. 

Según la autoridad, alrededor de 900 personas han obtenido permisos legales en la comuna y hoy trabajan tranquilas sin tener que arrancar. Entre ellos la municipalidad le ha entregado carros a 500 comerciantes que hoy venden legalmente y 400 con otro tipo de infraestructura. Dentro de esos, se enmarcan los 40 carros para jugos frescos y frutas. “Además de mejorar la presentación, los carros garantizan las condiciones sanitarias y cumplen  con los requisitos para poder consumir de manera segura este producto saludable", explica.

La vida antes y después de los carros

Betty Aguilar (55) es peruana y llegó a Chile el 2007 en busca de mejores oportunidades para ella y su pequeña hija. Como debía hacerse cargo de la pequeña no podía trabajar a tiempo completo, así que optó por salir a la calle y vender jugos de naranja, algo que según ella afirma, no fue casual pues sus padres en Perú también tenían un puesto de este tipo. “Miré que aquí no había un mercado de jugos y me di cuenta que la naranja era barata. Armé mi puesto y busqué un lugar dónde venderlos. Primero me puse en Moneda, pero la dueña de un kiosco me echó y denunció. Así fue como llegué a Universidad de Chile y aquí me instalé”, cuenta a Publimetro.

La mujer cuenta que hace ya dos años, se reunió con otros compatriotas para llevar un proyecto a la Municipalidad, pero no les resultó. “Cuando nos presentaron este programa fue excelente, porque nosotros luchamos mucho. Yo solo puedo agradecerle a la alcaldesa, a Fosis y a la Seremi por darnos esta oportunidad y el permiso para trabajar sin problemas. Ellos confiaron en nosotros y yo solo puedo estar agradecida. Me emociona hablar de esto, todos estos días he llorado porque esto de verdad es un sueño hecho realidad”, afirma conmovida. “Hoy mi hija tiene 16 años, estudia en el Liceo 1, tenemos dónde vivir en San Pablo y yo la he sacado adelante gracias a Chile y las oportunidades que me ha dado. Vine buscando un mejor futuro para ella y este país me abrió las puertas. Ahora por fin podré estar tranquila trabajando”, finaliza.

Otro de los beneficiados con esta iniciativa es César Muñoz, uno de los chilenos del grupo. Tiene una pareja con la cual tiene un bebé de 8 meses, y dos hijos de una relación anterior a los que mantiene con su único ingreso que es: su carrito de jugos y frutas. Muñoz aclara que no tiene estudios, y que incluso tuvo un pasado con antecedentes que le han cerrado varias puertas, por lo que trabajar en esto ha sido parte de su búsqueda por reinsertarse en la sociedad y darle un mejor futuro a su familia.

Explica a Publimetro que fueron sus amigos peruanos quienes lo motivaron a postular al programa “Santiago Sano", pues todos se han conocido en procesos como escapar de la policía, o se han ayudado incluso a costear sus multas. Agrega que no le había puesto mucha atención a la iniciativa porque había perdido las esperanzas de obtener un permiso. “Muchas veces me quitaron mi carrito, las máquinas, me botaron la mercadería y ahí uno tenía que empezar todo de cero, sumado a tener que pagar los partes que salen 120 mil pesos. Yo a veces tenía que trabajar solo para pagar multas, cuando eso era mucho dinero para una familia como la mía y otras, me fui detenido incluso con mi hijo recién nacido”, relata.

El hombre cuenta que al preguntarle su historia y ver cómo se sacrificaba, lo motivaron a postular. “Esto me cambió la vida, porque me abrieron una puerta que en todos lados me habían cerrado. Nos dieron una oportunidad a mí y a mi familia, y ahora podemos postular a una casa, a créditos para emprender y hacer otros negocios. Nos hicieron cursos de computación, de manipulación de alimentos, sicología, administración de empresas…¡Imagínate! Ahora tengo algo que ofrecerle a mis hijos para apoyarlos en su educación. Este carrito de verdad me dio vuelta la vida, nosotros hicimos un compromiso y solo puedo agradecer que se la jugaran por nosotros. Ahora duermo tranquilo, ya no tengo la angustia de que el día de mañana me boten mi mercadería y no tenga cómo alimentar a mi familia”, remata.

PB/MC