A principios de esta semana, en Colombia se aprobó un proyecto de ley impulsado por el senador Mauricio Lizcano, el cual prohíbe las cirugías estéticas para menores de edad, exceptuando los casos en que sea por objetivos de reconstrucción y el desarrollo de la personalidad.

Esta iniciativa contó con el apoyo de la Sociedad Colombiana de Cirugía Estética y se dio en el contexto del aumento de este tipo de intervenciones en que por ejemplo, adolescentes pedían cirugías plásticas “como regalo de 15 años” poniendo en riesgo su desarrollo y salud, entre otros factores. De las 340.000 procedimientos de este tipo que se hacían en el país, el 30% era a menores de edad.

En el otro lado del hemisferio, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) informó que el año pasado en Estados Unidos se realizaron más de 63.000 procedimientos quirúrgicos estéticos entre adolescentes de entre 13 y 19 años. Frente a ese fenómeno, expertos norteamericanos sostienen que se podría deber a las presiones sociales que en la actualidad enfrentan los adolescentes para mejorar su apariencia y autoestima.

En Chile la situación no es tan lejana. Ya sea porque los adolescentes chilenos hoy se sienten acomplejados por la forma de su nariz, las marcas del acné o su peso, poco a poco han tomado la opción de considerar la cirugía estética como la solución definitiva a sus inseguridades.

¿Dónde se concentran las inseguridades?

Según la ASPS la cirugía más popular  el año 2014 fue la rinoplastía con 30.127 procedimientos realizados en EEUU. Le siguen el aumento de senos con 8.040 cirugías, la reducción mamaria en hombres con 6.694 procedimientos y finalmente, la cirugía de orejas que supera las 6.200 intervenciones.

En Chile estaríamos experimentando un aumento potencial de este tipo de cirugías en jóvenes entre los 13 y 19 años. Así lo afirma el cirujano plástico y reconstructivo y miembro de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, Roberto Prado, quién aclara a Publimetro que “aún en nuestro país no contamos con cifras oficiales, ni estudios que muestren de manera clara a qué se debe este fenómeno, pero sí los que trabajamos en esto percibimos un aumento sostenido e importante en las consultas en los últimos 10 años”.

El profesional aclara que en Chile cirugías como las de orejas (otoplastía), de nariz (rinoplastia) con fines reconstructivos, son las que tienen más auge. Por otro lado, en el plano estético, hay muchas consultas de aumento de senos y liposucciones. En el caso de los hombres, la cirugía de reducción de mamas es cada vez más cotidiano-

“Hace algunos años era muy raro una consulta de este tipo, pero hoy se ha vuelto más común. Yo creo que las redes sociales juegan un rol importante en cómo se están percibiendo y en el aumento de sus imperfecciones”, explica. Además cree que la influencia de los padres juega un rol fundamental en estas decisiones. “Muchas niñas por ejemplo llegan con la mamá, que se ha operado y cree que está gorda y la presiona a tomar esta solución que es más inmediata, a veces ni siquiera las mismas pacientes están seguras”, agrega.

El Dr. Prado afirma que los jóvenes deben asesorarse de manera adecuada, y empezar ojalá un tratamiento de apoyo previo y posterior a tomar una decisión tan drástica, pues lo más importante es que este cambio no responda a un capricho que pueda terminar en arrepentimiento.

Dar el paso

Una de las operaciones más comunes es la reducción mamaria, la cual es una de las intervenciones más buscadas tanto por mujeres, como por hombres.

Macarena Sepúlveda (29) decidió a los 14 años someterse a esta cirugía porque tenía los senos muy grandes y no le gustaban. “El médico me dijo que era muy chica y que sería irresponsable hacerlo porque a esa edad el cuerpo no se había desarrollado. Pero cuando cumplí 15 pasaron unos meses y accedió a la operación”, relata a Publimetro.

La joven afirma que hasta el día de hoy no ha tenido problemas y sigue “feliz” con su operación hasta el día de hoy. “Mi único drama fue que no pasé piola en el colegio y en ese tiempo igual me molestaron mis compañeros, fue algo que jamás consideré que pasaría, pero pasó”, explica agregando que “menos mal yo lo supe llevar bien”. 

Otra de las cirugías más comunes son las rinoplastias. Carolina Orellana (25) se operó cuando tenía 15 años porque no le gustaba su nariz encorvada, y porque sentía que se veía tosca. "No me sentía cómoda con mi cara, era un tema para mí, pero tampoco fue la decisión correcta hacerlo tan chica", dice.

La operación de Carolina no fue fácil. Sus ojos quedaron con derrames, tuvo dolores por semanas y en vez de sentirse más segura, lo sintió como un error. Sumado a eso, la nariz no le quedó como quería y al ser tan joven, le volvió a crecer. "A los 23 tuve que volver a operarme, porque también era un tela de salud, y ahí me quedó bien. Hacerlo de manera apresurada tuvo un costo sicológico, de salud y economómico para mí. Además afectó mi autoestima en una edad muy compleja. Mi nariz era todo para mí y eso no fue sano por tantos años", remata.

María Elena Gumucio, psicóloga infanto-juvenil de la Red de Salud UC Christus, explica a Publimetro que la imagen que tenemos de nosotros mismos, no necesariamente coincide con cómo nos percibe el entorno, sino que es subjetiva, y se arma a lo largo de la vida, sujeta a distintos factores.

"¿Qué es deseable? ¿Qué es bonito o el ideal de belleza? Eso está sujeto a los cánones de la época y varía constantemente. Actualmente nuestra cultura tiene más presencia del cuerpo que en otros momentos de la historia, y estamos muy expuestos estos cánones y a aspectos como la importancia de la delgadez, por ejemplo", afirma la especialista. 

Además, agrega que "los jóvenes se dejan llevar mucho por las tendencias actuales y la presión. Creen que si se adaptan a los cánones que ven en revistas, medios de comuncación o redes sociales, van a sentirse mejor de autoestima, pero aunque en algunos casos ayuda, no siempre es así".

"Me han tocado pacientes con depresión, con traumas con su aspecto físico, que se ponen implantes de senos por sus inseguridades, y luego se arrepienten porque no se sienten cómodas, no se acostumbran o se sienten más anchas. ¡Al final terminan mucho peor".  Por eso es muy importante hacer este proceso acompañado, y consciente, pues en muchos casos puede resultar en una imagen de uno mismo incluso peor", aconseja la psicóloga.

PB/MC