El último informe entregado por el Directorio de Transporte Público Metropolitano (Dtpm), correspondiente al segundo trimestre de 2016, señala que entre abril y junio uno de cada tres pasajeros no canceló su pasaje en Transantiago, cifra crítica que mantiene su tendencia al alza desde la implementación del sistema en 2007, donde el fraude en el pago del pasaje alcanzaba un 13,4%. 

Con un 30% de evasión, el ministro de Transportes Andrés Gómez Lobo señaló que “hay responsabilidad de las empresas en esto, y hay empresas que están colocando un torniquete en las puertas, eso es muy importante”, agregando que “vamos a tener que expandir esto para reducir la evasión”, porque a su juicio “si queremos mejorar el sistema tenemos que bajar la evasión”. 

Para Juan Cristóbal Palacios, gerente de Alto Evasión, empresa especializada en control del no pago del pasaje en el sistema de transporte público capitalino, lo más importante “es poner fin a la sensación de impunidad que hoy tienen los usuarios que no pagan”, para lo que propone “cambiar la tipificación de la evasión de falta a hurto simple, subsidiar a los sectores más vulnerables de la población, el pago de inmediato de las multas y un plan integral antievasión coordinado por la autoridad que involucra a todos los operadores del sistema”. 

Respecto de la experiencia internacional, Palacios asegura que “Transantiago es el sistema de transporte público con más evasión del mundo, de todo lo que nosotros hemos visto y estudiado sobre este tema no conocemos otra experiencia que siquiera se acerque al 30% de evasión”. 

Los académicos de la División de Ingeniería de Transportes de la Universidad de Chile, Alejandro Tirachini y Martín Quiroz desarrollaron un estudio publicado en el mes de julio donde comparan la experiencia de evasión en las ciudades de Mendoza (3,9% de evasión) , Bogotá (entre 10 y 15%), en Latinoamérica y Madrid, Londres, Berlín y Melbourne, en el resto del mundo, donde la evasión no supera el 10%. Se estudian tres variables: la probabilidad de ser fiscalizado, relacionado a la tasa de inspección; la multa que se debe pagar por evadir; y una variable socioeconómica definida como el porcentaje de gasto en transporte. 

Tirachini señala en contacto con Publimetro que “el diagnóstico es categórico, y es que el nivel de evasión actual es insostenible financieramente”. Y con este estudio buscan poner el tema en perspectiva en relación a como está Santiago comparado con otras ciudades. Reflexiona que hay un efecto relacionado a los ingresos de los sectores más vulnerables, pero que “de ninguna manera eso explica la evasión, porque desde el inicio del sistema en 2007 el gasto en transporte como porcentaje del ingreso se ha mantenido constante, pero la evasión se ha duplicado”. 

A su juicio, lo que explica la evasión “es la poca fiscalización y la falta de eficiencia que hay cuando se realiza, y lo que demuestra este estudio es que en las ciudades con un nivel de formalización del transporte público similar al de Santiago, se fiscaliza considerablemente mucho más y tienen tasas de evasión inferiores al 10%”. 

En 2015, el Ministerio de Transporte ingresó un proyecto de ley antievasión con un paquete de medidas para reducir estos negativos niveles, entre las que destaca la creación de un registro de evasores. En esa oportunidad, Guillermo Muñoz del Dtpm señaló que “el objetivo es contar con herramientas más eficaces para controlar el correcto pago de los pasajes en todo el país, tipificando los delitos por fraude con tarjetas bip; dotando de mayores facultades a fiscalizadores, endureciendo las sanciones existentes y facilitando su aplicación”.

La experiencia en Transmilenio

El experto en transportes colombiano, Darío Hidalgo califica la situación que vive Chile como “una bomba de tiempo”, desde su experiencia internacional y las medidas que se han aplicado para disminuir la evasión en Transmilenio de Bogotá, el sistema que inspiró a Transantiago. 

Asegura que “los niveles de evasión en Santiago son los más altos que se registran,en otras ciudades incluso de países desarrollados como Nueva York o Paris hay evasión, sin embargo los niveles no superan el 10%”.

Respecto de la experiencia de Transmilenio, señala que en Bogotá “los niveles de evasión están creciendo y hoy se encuentran entre el 10% y 15%, y tal como sucede en Santiago la ciudadanía ya no percibe como una conducta negativa el no pago del pasaje, sino algo que es normal”. Si bien el nivel de evasión no es tan alto con en Chile, el experto agrega que se han tomado “diversos mecanismos de control, como el fortalecimiento de las puertas en zonas pagas; más barreras en los torniquetes de los buses; reforzar la vigilancia y fiscalización; y la disposición de efectivos policiales de civil con capacidad de control”, las que a su juicio han ayudado a mejorar los niveles de evasión. 

Hidalgo complementa señalando que “no basta sólo con el control físico o policial, también se requiere un control social donde los ciudadanos rechacen a otras personas que evaden, en eso se debe trabajar”, y concluye que es necesaria una toma real de conciencia sobre el problema que representa la evasión, porque “hoy miles utilizan un servicio sin pagar que mañana simplemente podría no existir”.