Las infecciones respiratorias agudas en los niños son un motivo de consulta frecuente en estos días, siendo el Virus Respiratorio Sincicial uno de los que más hospitalizaciones genera. La mayoría de los niños contrae la enfermedad en sus primeros años de vida, pudiendo ocurrir de nuevo más adelante, pero de forma más leve. De hecho, alrededor de un 60% de la población infantil se infecta durante el primer año y casi un 100% de los menores de dos años se ha contagiado por lo menos una vez.

Sobre esta enfermedad, la Dra. Juanita Zamorano, pediatra infectóloga de Clínica Santa María, explica que “en los lactantes -niños menores de 2 años- el VRS produce bronquiolitis, una enfermedad que afecta a los bronquios más pequeños (bronquíolos) produciendo diferentes grados de dificultad para respirar y puede llegar a la insuficiencia respiratoria”.

El VRS es un virus muy contagioso y puede permanecer algunas horas en superficies, para luego entrar al cuerpo a través de la mucosa conjuntival, nasal y oral. La transmisión se produce desde una persona enferma, que puede ser un adulto o un hermano que tenga una infección respiratoria aguda alta de poca intensidad (como rinofaringitis) con una probabilidad del 45%. Si el niño asiste a sala cuna o jardín infantil la tasa de contagio llega a un 90%, debido al alto número de virus que excretan los niños más pequeños.

¿Cómo se comporta el virus?

Luego de un período de incubación de tres a cinco días, aparece secreción nasal transparente, tos y fiebre, manteniéndose inicialmente un buen estado general. “Después del tercer o cuarto día de evolución, aumenta la intensidad de la tos y aparecen signos de dificultad respiratoria: problemas para alimentarse, respiración rápida, quejido al respirar, retracción o hundimiento en las costillas, entre otros. Frente a estos signos clínicos es imperativo consultar a un médico para establecer el grado real de gravedad del niño”, advierte la Dra. Zamorano.

Por lo general, la enfermedad alcanza su mayor intensidad alrededor del quinto día, disminuyendo en forma gradual, con la presencia de tos y silbidos en el pecho que demoran entre tres a cuatro semanas en desaparecer completamente.

Medidas preventivas

Como no se ha desarrollado aún una vacuna para proteger a los niños pequeños de enfermedades por VRS, las principales formas de prevención son evitar el contacto del lactante o niño pequeño con otros menores o adultos enfermos y fomentar el lavado de manos. También es recomendable evitar la contaminación intradomiciliaria -humo de tabaco y combustión de parafina o leña- ya que estos factores contribuyen a una mayor severidad del cuadro.

Tratamientos

De acuerdo a la pediatra, es fundamental la observación y evaluación estricta para detectar de forma precoz las complicaciones y signos de gravedad.

“No se dispone en la actualidad de un tratamiento específico contra este agente, por lo que el manejo durante la hospitalización es dar apoyo en la función respiratoria y tratar las complicaciones, como es la sobreinfección bacteriana con antibióticos”, destaca.

Asimismo, debe tenerse en cuenta que en niños menores de un mes existe el riesgo de apnea -cese de la respiración por más de 20 segundos- secundaria a la infección por el virus, como única manifestación clínica.

En el caso de las bronquiolitis leves, el tratamiento se realiza en la casa y consiste en mantener una alimentación adecuada, aseo nasal frecuente con solución fisiológica, buena hidratación y el uso de antipiréticos a dosis recomendadas para el control de la fiebre. Se puede considerar el uso de broncodilatadores y corticoides cuando su médico lo indique.

Algunos niños evolucionan con cuadros de bronquiolitis más graves (2 a 5% de los casos determinados por la falla de la función respiratoria, produciendo una baja del oxígeno a nivel de los tejidos. “A este grupo de niños se debe hospitalizar, administrar oxígeno y vigilar la evolución. Habitualmente, esto ocurre en los lactantes pequeños (especialmente menores de 6 semanas de vida) y en niños con factores tales como cardiopatías congénitas, prematurez, daño pulmonar crónico, inmunodeficiencias, fibrosis quística, enfermedades neurológicas y anomalías congénitas importantes”, finaliza la Dra. Zamorano.

PB/MC