De acuerdo a las últimas cifras reveladas en la Encuesta Nacional de Voluntariado— realizada por la Fundación Trascender y GFK Adimark en el año 2015—, sólo un 12% de la población del país realiza acciones de voluntariado.

A pesar de que este porcentaje no es bajo en comparación con otros países, sí es llamativo que esta cifra se haya mantenido estable a lo largo de los años, teniendo mínimas variaciones desde el 2009 a la fecha. Sumado a eso, el estudio desprende otro dato interesante: uno de cada cuatro voluntarios, decide ayudar de manera independiente, sin formar parte de alguna fundación u organización social.

La razón que explicaría la baja participación de la población en acciones de voluntariado, es básicamente la falta de tiempo. El estilo de vida cada vez más acelerado de los chilenos, implica que se destine gran parte de horas del día a estudiar o al trabajo, y lo que resta, a la familia y amigos, quedando en último lugar el tiempo para terceros.

Para las personas detrás de Fundación Coanil, esto no es algo ajeno. Con más de 40 años de existencia, esta fundación —que atiende a personas con discapacidad intelectual—, ha visto como su número de voluntarios ha aumentado de forma muy paulatina a lo largo del tiempo.

“A la fecha contamos con, aproximadamente, 290 voluntarios permanentes, distribuidos a los largo de nuestra red de centros, cifra que aumenta exponencialmente en época de colecta, por ejemplo. Sin embargo, es innegable que la incorporación de nuevas personas que estén dispuestas a colaborar de manera desinteresada, no es una tarea fácil”, destaca el Coordinador Nacional de Voluntariado, Luis Villar.

Para las personas que dedican parte de su tiempo y esfuerzo para trabajar por otros, esta experiencia es enriquecedora en todo sentido. El ser voluntario tiene diversos aspectos positivos, tales como, desarrollar una mayor sensibilidad social, empatizar con realidades distintas a la propia, mejora la autoestima ya que se aprende a valorar de mejor forma lo que se tiene, genera fuerte lazos con las personas y la comunidad, entre otros.

“Trabajé como voluntario de Fundación Coanil por un año y medio, y mi experiencia fue sumamente positiva. Me enriquecí profesionalmente, pude estrechar lazos con redes que están en la misma área en la que me desempeño como profesor diferencial, y sobre todo pude aportar con mis conocimientos”, destaca Williams Quintul.

El trabajo de voluntariado es necesario en todas las sociedades, ya que refleja el interés que se tiene por el más necesitado y los une en la lucha para conseguir una mayor justicia y equidad social.

Por lo general, quienes forman parte de un programa de voluntariado, son personas que tienen un pensamiento positivo de la vida, porque ven que con su aporte se pueden generar cambios. Es el caso de Alicia Rojas, de Arica, quien lleva más de 35 años trabajando en labores sociales y se siente feliz de hacerlo, “los niños necesitan mucha ayuda y no cuesta nada destinar un poco de tiempo para ellos. Mi aporte a lo mejor es un granito de arena, pero siento que a ellos les sirve mucho”.

“La invitación es a que todas las personas que puedan colaborar con tiempo o conocimientos, lo hagan porque necesitamos muchas manos que unidas trabajen en pos de una verdadera inclusión social. Se acercan las vacaciones de invierno, y es un buena instancia para que los jóvenes se acerquen, conozcan nuestro proyecto o el de otras fundaciones y se comprometan a trabajar junto a nosotros por una sociedad mejor”, finaliza Luis Villar.

PB/MC