Mientras la SCD y Quique Neira literalmente dan la pe­lea por las ganancias del de­recho de autor, un puñado de músicos jóvenes de una generación que creció junto a internet, decidió derechamente lanzar sus discos por la red, y gratis.

“Diez años atrás yo no hu­biese regalado el disco, pero uno tiene que ajustarse a la época que le toca vivir”, dice Cristóbal Briceño, la voz de Los Mil Jinetes. “Si yo me pu­siera a vender, distribuiría 100 copias máximo, y su­friendo. No es que yo sea un filántropo o un millonario, sino que me parece que es lo más sensato dadas las condiciones del caso”.

Y es una difusión más eficiente y más barata que la tradicional. “En un mes llevamos 5 mil descargas”, dice Juan Necochea, de Picnic Kibun. “Hoy día casarte con un sello es complicado porque pierdes el control de lo que haces, y si eres movido no los necesitas”, agrega.

Se vive de las tocatas que convocan por la calidad de los discos, que también se venden en las tiendas. “Y el que los mire a huevo está metido en un mundo que no nos interesa, están viviendo en el pa­sado”, remata.