SANTIAGO, julio 28.- Cuando la periodista Ana María Olivares (35) conoció al activista político y Consejero Regional de la Región Metropolitana, Manuel Hernández (60), en un restaurante del barrio Brasil, nunca imaginó que ese hombre 25 años mayor se convertiría en su pareja. No porque no lo encontrara atractivo o interesante, sino porque sabía que tenía una intensa vida política, y ella, dos hijas y un mundo completo y a full. Sin embargo, a los pocos meses de sortear separaciones por trabajo y desbarajustes por horario, se fueron a vivir juntos. Fue así como él aterrizó en medio de la familia de Ana, quien tenía dos hijas de un primer matrimonio, Javiera y Tamara. Pronto él “aportaría” lo suyo, ya que de sus cuatro hijos anteriores –y ya mayores– la menor, Paloma, se mudó a vivir con ellos. Pero el familión no terminó ahí. Un par de años más tarde, la pareja se declaró embarazada de mellizos. 

La realidad de Ana y Manuel es cada día más común en Chile, tal vez no en un formato tan numeroso pero sí en una mezcla feliz donde padres divorciados o separados vuelven a rehacer familia y se amplía el núcleo. Según el estudio de la Fundación Futuro “Chilenos y la Familia” (2007), un 42% de las personas cree que el modelo tradicional de familia está en decadencia o caduco. Esto porque la llamada célula fundamental de la sociedad se ha ido modificando; de hecho, se estima que los matrimonios por segunda vez aumentaron 32% en los últimos 5 años, y que los convivientes son un 10% más que en el mismo período de tiempo. Es así como ante una realidad cada día más común y que muchas veces puede resultar compleja, ¿cuál es la mejor manera de enfrentarla?

¿Lo hago o no lo hago?

Las segundas oportunidades en la vida son una bendición, especialmente cuando se refiere a enamorarse nuevamente y poder volver a construir una familia. Sin embargo, la primera duda que asalta al momento de hacerlo es saber si realmente estás en el camino correcto, si realmente lo que vas a hacer tiene base. La psicóloga y terapeuta de parejas Paula Isensee explica de entrada que es fundamental eliminar los fantasmas de los ex. Esto que puede parecer tan evidente muchas veces no se hace, lo que puede desembocar en un conflicto en la medida que el duelo no se ha madurado. “El miedo al fracaso entre las parejas es un fantasma que hay que superar, hay que dejar de lado la profecía autocumplida. Es importante no sólo para la mujer, sino también para los posibles hijos involucrados, ya que así no se afrontan quiebres uno tras otro. Una mujer estable y sana le da a los niños más seguridad, vital para el desarrollo. Las personas deben comprender que no es pecado volver a rehacer la vida, pero hay que hacerlo limpiamente”, determina la experta.  

Ciertamente el divorcio o ruptura es algo que marca a cualquiera, por tanto, es importante madurar el duelo de un ex antes de comenzar con otro, evitando seguir el típico patrón cultural local que trata de “hacerle el quite” al dolor. Esto porque en la medida en que se evade y se busca “reemplazar” a la pareja anterior con otro, los hijos pueden resentirse. De igual manera hay que evitar presentarle varios novios a tu hijo; muchas veces tras una ruptura vienen varios intentos. “Es un error presentarle a los hijos todos los ‘proyectos’ de pareja sin tener la certeza de que va a ser alguien estable, ya que los niños comienzan a generar vínculos con esa persona y luego se puede perder. Y eso se convierte en un duelo, quizás se sientan rechazados y no tengan idea por qué”, explica la especialista. 

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el duelo para los niños es diferente que para los adultos, ya que al separarse de uno de sus padres el pequeño debe acomodarse a esta nueva realidad. Ellos evidencian cuando este momento crudo va pasando. “Cuando ya no hay angustia, cuando no hay un llorar espontáneo e intenso, cuando se habla del papá (o mamá), cuando no hay una pataleta si se les pierde una foto, por ejemplo, ahí ha comenzado a sanar la herida”, dice la terapeuta. 

Lo más importante ante esta nueva realidad es que debes estar segura de la proyección de esta pareja, si hay bases firmes que puedan asegurar un futuro. “Es evidente que nadie puede confirmar el éxito de un proyecto de pareja; sin embargo, debe existir dentro de cada uno de los miembros de ésta las ganas de trabajar por algo que se viene en grande”, detalla Isensee. En la medida que esta seguridad se dé, se puede involucrar a los hijos.

Juntos y revueltos

“Creo que lo más complejo que nos tocó enfrentar fue la oposición de la madre de Ana María. Ella consideraba que yo era demasiado mayor para ella y tenía muchas dudas sobre mí”, confiesa Manuel Hernández al momento de reflexionar sobre la principal dificultad que tuvo que afrontar. Por su parte, Ana María recuerda que “el papá de las niñas también se lo tomó muy mal. Llamaba todos los días, incluso amenazó con golpear a Manuel y de atentar contra su vida. Él un poco se superó con el tema, pero no le hicimos caso y con el tiempo se ha convertido en el mejor aliado, entendió que nadie le iba a quitar el amor de sus hijas. Con las niñas el tema, en cambio, fue muy sutil, y él se las ganó simplemente. Además Tamara tenía un poco más de un año, y eso les simplificó el cuento. Con Javiera, al contrario, fue más lento, pero igualmente feliz. Yo creo que el tema hay que afrontarlo directamente y hacerlo así no más, naturalmente, sin forzar nada”.

Y precisamente la naturalidad y el hablar directamente del tema son las claves que recomienda la psicóloga. “Ahí hay una clave muy clásica en Chile. Por un problema cultural nos cuesta conversar los problemas, de los cambios y de lo que pasa. Es importante, además, que cuando se presentan los nuevos miembros de la familia, no se pida ‘permiso’. A los hijos se les cuenta, se les muestra que hay un nuevo integrante”, aconseja.

La administrativa Claudia Astengo (34) y el diseñador web Cristián Jeria (31) son pareja hace cuatro años. Cuando comenzaron la relación ella tenía un hijo de tan sólo 4 años, que nunca había tenido mucho contacto con su padre. “Lo primero que me pasó con el niño es que no quería que me acercara a su mamá y menos a él. Lloraba y hacía unas pataletas que eran súper difíciles de manejar. Se aferraba a su mamá cuando íbamos a salir, no había caso de dejarlo dormido y tranquilo junto a su abuela. Yo tenía dos opciones: o me involucraba o me iba. Decidí quedarme. Yo no tengo hijos, pero me imaginé que tenía miedo. Así que me instalé a jugar con él, a que me conociera, que supiera que siempre iba a estar ahí. Y poco a poco, con harta paciencia, las cosas se fueron dando. Hoy planeamos casarnos con la Claudia, y con Martín vamos al fútbol juntos; hoy él confía en mí”, cuenta Cristián, recordando su principal problema a la hora de conformar su familia mixta.

Paula Isensee detalla cómo es clave en este tipo de historias dejar de lado las expectativas. “Uno de los más grandes errores es esperar que los niños deben quererse con la nueva pareja. Eso no existe; psicológicamente no puedes obligar al amor. Lo que sí se puede exigir es el respeto”. 

Si las peleas se dilatan y agravan –lo que incluso con hijos adolescentes puede tornarse grave– una buena manera de manejar la incompatibilidad es hablar con el niño directamente y preguntarle por qué no le cae bien la persona que está a nuestro lado. “Según los reclamos que vayan saliendo, se habla con la pareja y se pueden ir haciendo ajustes, concesiones, tratos, hablados claramente y en conjunto”, aconseja Isensee. 

La principal herramienta para superar las diferencias es aprender a llegar a acuerdos. ¿Qué es lo vital? Comprender que en un acuerdo uno pierde cosas, pero gana un bien mayor. El acuerdo debe ser claro, hablado, detallado y aceptado verbalmente por ambos. 

Se transa porque se privilegia algo mayor. Esto también puede servir ante problemas entre la pareja.

Otro problema muy común que se origina en estas situaciones es el conflicto que se le genera al niño cuando entra el nuevo “papá” en su vida. “Eso de sentir que eventualmente su papá original será relegado puede crear complicaciones. Lo más sano allí es que el nuevo afecto sea generoso y decirle claramente que no viene a reemplazar al verdadero padre, que amar a su verdadero padre es maravilloso”, detalla la psicóloga. 

¿Quién manda a quién?

“Acá se optó porque los dos imponemos una misma norma y mi palabra vale tanto como la de mi pareja. Incluso yo diría que muchas veces mis propias hijas acuden a Manuel para poder flexibilizar las cosas, a él lo ven mucho más accesible para eso”, comenta Ana María. “En la casa Ana María es quien decide, yo apoyo”, agrega Manuel, riendo. 

La autoridad suele ser otro punto importante que zanjar a la hora de la convivencia ya establecida en familias mixtas y la solución, como en todos los casos anteriores, es hablar claramente las reglas que, muchas veces, están implícitas. “Lo otro que es vital es que la pareja se apoye en las decisiones. Si hay una familia donde los dos traen hijos, se tiene que hacer algo equiparado; si se toma una decisión, como por ejemplo no dar permiso, ambos deben estar de acuerdo. Además ambos deben dictar las leyes, porque si sólo uno da las órdenes, el otro se anula”, precisa la terapeuta.

“Yo vengo de una familia donde habían hondas diferencias entre los hermanos, incluso siendo todos de los mismos papás. Mi hermano más chico siempre fue más protegido y regaloneado, y eso creó conflictos especialmente entre las mujeres. Por eso estoy seguro que si tenemos un hijo con Claudia, el cariño y forma que tengo con Martín no cambiará para nada, jamás se me ocurriría tratar diferente a los hijos”, explica Cristián Jeria. 

Las diferencias es algo que hay que evitar completamente. Si bien pueden darse en todas las familias, entre las mixtas puede darse algo mucho más complicado. ¿Qué hacer? Conversarlas y zanjarlas de inmediato. Esto puede ser claramente expresado por los niños o por un adulto que ve la situación. “Se pueden superar siendo profundamente equitativos, desde lo más concreto a lo más trascendental. Tan concretos como, por ejemplo, si a un hijo se le compra una marca, a todos se les compra igual. Tan trascendental como que si le dedicas tiempo a uno, debes dedicarle el mismo tiempo al otro”, detalla Paula Isensee. 

Hoy caminamos a un cambio profundo de lo que clásicamente se conocía como familia, abriéndonos a un abanico amplio de posibilidades. Lo importante es adentrarnos en esas diferentes opciones con amor y mucha apertura. En el tema de las familias mixtas no hay fórmulas, sólo ciertas directrices. “Lo vital es hacerlo con cariño, darse la oportunidad y trabajar con honestidad para hacerlo bien”. Y es que en la medida en que las cosas funcionan todos ganan. “Siento que mis hijas ganaron. Hoy tienen tres hombres que se mueren por ellas, que las cuidan y que nunca las dejan solas: su abuelo, su papá y Manuel. ¿Cómo no va a valer la pena? Las familias se hacen con amor y respeto, y la nuestra está llena de eso y más”, dice Ana María.