En la segunda temporada de la popular serie de ficción “House of Cards”, el vicepresidente de EEUU Frank Underwood pone en ejecución toda una campaña política para que el presidente Garrett Walker renuncie y así, poder asumir él la presidencia sin pasar por el proceso democrático.

En Brasil, en la vida real, es el vicepresidente Eduardo Cunha del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, ex aliado del oficialismo pero ahora principal opositor, el que ha liderado el proceso de impeachment que busca suspender de su cargo a Dilma Rousseff por 180 días para estudiar su destitución permanente. El domingo, el proceso fue votado a favor en la Cámara de Diputados, por lo que pasará al Senado, que tendrá que conformar una comisión especial, estudiar y votar el proceso a principios de mayo.

Los motivos
“Por Dios”. “Porque no quiero que mi hija aprenda sexo en el colegio”. “Por los vendedores de seguros de Brasil”. “Por los militares (del golpe) del 64” (que llevó a una dictadura de casi 20 años). “Por mi familia y mi Estado”. “Por la defensa del petróleo”.

Estas fueron algunas de las razones que muchos de los 513 diputados que votaron a favor del proceso de destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, esgrimieron para argumentar su decisión. Muy pocos fueron los que se limitaron a acogerse a razones políticas, ni mucho menos ligadas al debate que los diputados mantuvieron durante tres sesiones, entre viernes y sábado, sobre el informe que la comisión especial preparó.

Si bien el argumento por el cual se llevó a Dilma a un “impeachment”, un recurso constitucional extremo, era el haber escondido información relacionada al presupuesto estatal de 2014 y haber eludido la decisión del Congreso para pedir créditos a bancos estatales (cosa prohibida por la Constitución brasileña), pareciera que Rousseff se ha convertido en el “chivo expiatorio” de la clase política de Brasil. Como si su salida fuese a limpiar todos los males que le aquejan.

“Pero no para el bien del país”, dice el analista político Fernando García Naddaf. El también director del Magíster de Política y Gobierno de la UDP explica: “esto es muy parecido a ‘House of Cards’. Los políticos están aprovechándose del mal momento de Dilma para sacar beneficios personales, un mal cada vez más común que padecen los sistemas políticos contemporáneos”.

El analista, además de calificar de “retrógrados”, “irracionales” y “propios de la Edad Media” los argumentos de los diputados que votaron a favor del proceso, ejemplifica lo explicado con el hecho de que el mismo Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, sea uno de los candidatos a reemplazar a Rousseff en caso de que sea removida de la presidencia. “Esta es una oportunidad para cada político de echar agua a su propio molino”, asegura.

“Dilma hoy es una figura impopular en Brasil”, dice. “La crisis económica por la que está pasando Brasil, y el caso Petrobrás, han hecho que su popularidad baje muchísimo. Eso la ha convertido en un blanco fácil para los que lideran este proceso, quienes se verían muy beneficiados personalmente con la salida de Rousseff”, agrega.

“Esto no es nuevo, ha pasado en los 200 años que llevan vigentes los sistemas políticos actuales, pero que ahora son más visibles gracias a internet, a los medios de comunicación masivos y a las redes sociales”, dice García Naddaf.

“Todavía no hay pruebas concretas de que Rousseff haya robado dinero del Estado”
Muchos de los políticos brasileños, incluido el propio Cunha, están implicados directamente en la Operación Lava Jato, relacionada al lavado de dinero y otras actividades ilícitas relacionadas a la empresa estatal Petrobras, que también ha afectado a Dilma por ahora indirectamente. El caso es transversal en el espectro político.

“El PT (Partido de los Trabajadores, oficialista) está involucrado en casos de corrupción, sin duda”, asegura Ramiro Escobar, analista político peruano. “Pero también el PMDB (el partido de Cunha), los empresarios… No sé si es precisamente un chivo expiatorio, pero sí alguien en quien ha caído una parte de la furia popular, también por motivos económicos”, afirma.

“No está bien que una presidenta no sea transporte con las cuentas fiscales, pero no es para destituirla”, dice. “Todavía no hay pruebas concretas de que Rousseff haya robado dinero del Estado”.

“Eduardo Cunha, el presidente de Diputados, es más corrupto que ella”. “El PMBD quiere hacerse con el poder definitivamente, no hay lucha por la ética política en esto, pero una parte del pueblo se ha comprado la historia”, asegura Escobar.

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