En Semana Santa, el que resucitó su campaña por la nominación demócrata a la presidencia de Estados Unidos fue Bernie Sanders. El senador por el estado de Vermont logró más del 70% en los tres estados en el que se llevaron a cabo "caucus", o asambleas políticas: Alaska, Hawaii y Washington. Es este último el más relevante debido a la cantidad de población.

Aunque Hawaii y Alaska son dos estados pequeños, sus victorias le permiten reimpulsar una candidatura que después de los "supermartes" de marzo parecía destinada a la derrota. Sanders, que no aparecía al principio de la carrera como un contendiente de peso para Hillary Clinton, sigue en carrera aunque es consciente de que su nominación es más posible que probable.

Su triunfo en Washington lo deja en buen pie para para las primarias que se vienen en abril. De conseguir triunfos en Wisconsin y Nueva York, se convertiría en una amenaza real para la ex secretaria de Estado.

Bernie Sanders ha ganado en cinco de las últimas seis elecciones primarias demócratas, en los estados de Utah, Idaho y los tres últimos del sábado. Pero aunque a pesar de que Clinton solo haya ganado en Arizona, la diferencia de delegados obtenidos hasta el momento sigue siendo significativa: 1.243 para Hillary y 975 para Sanders. Para anticiparse a la convención de julio, uno de los dos aspirantes debiese obtener 2.383 delegados.

Para poder lograr matemáticamente la nominación, Sanders debiese ganar en casi todos los estados que aún deben ir a primarias por un margen parecido al que obtuvo en el estado de Washington, cuya ciudad principal es Seattle: más del 70% de los votos/delegados.

"Las cosas mejorarán al ir subiendo hacia el norte y el oeste", dijo Sanders durante un discurso a su seguidores en Madison, Wisconsin, donde ya se encuentra haciendo campaña.

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