El gobierno de Temer, que asumió hace 13 días de forma interina mientras la presidenta Dilma Rousseff es juzgada por manipulación de las cuentas públicas, podrá en la práctica gastar más de lo que recaude este año.

La previsión del nuevo equipo económico es que el año cerrará con un déficit fiscal de 163.942 millones de reales (unos 46.800 millones de dólares). Contando todo el sector público, el rojo llegaría a los 170.500 millones de reales (47.749 millones de dólares).

"Es una cifra justa, es una cifra buena para el país", dijo diputado Dagoberto Nogueira, relator del proyecto de reforma del presupuesto. "Le estamos dando un cheque en blanco al gobierno", lamentó por su parte la diputada del Partido Comunista Jandira Feghali.

Éste es además el primer triunfo del nuevo Gobierno en el Congreso, que debatió en una tensa sesión conjunta de diputados y senadores durante más de 16 horas.

- Crucial -

Aprobar esta meta era crucial para Temer. De haber sido rechazada, le hubiera obligado a hacer malabares y prácticamente parar la máquina pública con violentos cortes para cumplir con la meta de superávit primario -ahorro antes de pagar intereses de la deuda- de 24.000 millones de reales (6.700 millones de dólares) prevista inicialmente en el presupuesto aprobado para 2016.

El gobierno de Rousseff ya había enviado al Congreso una revisión de la meta fiscal, con una proyección de déficit de 96.000 millones de reales (unos 27.000 millones de dólares al cambio actual), pero ésta no llegó a ser votada.

Con el déficit en 2016, la mayor economía latinoamericana terminará su tercer año con un rojo fiscal, mientras se encamina hacia su peor recesión en un siglo.

El Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil cayó un 3,8% en 2015, mientras proyecta una contracción similar en 2016 y crecimiento cero para 2017. Todo esto en un escenario de elevada inflación y creciente desempleo.

Esta feroz crisis ya había llevado al gobierno de Rousseff a reducir cinco veces la meta fiscal de 2015, antes de que el país terminara el año con un déficit primario del 1,88% del PIB.

- Techo -

Temer gobernará en principio durante los seis meses que dure el juicio contra Rousseff. Si la mandataria es destituida, terminará el mandato hasta 2018.

"Quiero enfatizar que no es en un plazo de 12 días o en dos meses que Brasil saldrá de la crisis", advirtió el mandatario al presentar más temprano medidas de austeridad a los líderes del Congreso, que tendrán la última palabra para que varias de las disposiciones diseñadas vean la luz.

La votación de este martes-miércoles fue un buen termómetro para medir apoyos.

Temer ha insistido en que la prioridad de su nuevo Gobierno es sanear la economía y poner las cuentas en orden. Entre sus primeras medidas destaca la anticipación del pago de una deuda del banco de fomento Bndes al Tesoro Nacional y una reforma constitucional para poner un límite al gasto público, que según Temer, "se encuentra en una trayectoria insostenible".

No abordó, sin embargo, temas más espinosos como impuestos, reformas de la seguridad social o de las leyes laborales.

El gobierno ha dicho que la meta fiscal es un "techo" de déficit y que esperan un resultado mejor.

El equipo económico, sin embargo, sufrió un temprana baja después de que uno de los hombres fuertes del gobierno, el ministro de Planificación y Presupuesto, Romero Jucá, renunciara tras la divulgación en la prensa de una conversación en la que sugería que la destitución de Rousseff permitiría detener las investigaciones sobre el multimillonario fraude en Petrobras.

 Agresión psicológica -

Temer, que prometió rescatar a Brasil de la crisis con un gobierno de "salvación nacional", fue recibido el lunes con gritos de "¡golpista!" en el Congreso cuando fue a entregar personalmente la propuesta para reducir la meta fiscal. Y es que Rousseff ha insistido en que el 'impeachment' es en realidad un "golpe" disfrazado.

Y las consignas "Fuera Temer" y "Temer jamás" proliferan en las redes sociales de militantes de izquierda y en actos culturales dentro y fuera del país de la mano de artistas e intelectuales que denuncian las políticas liberales anunciadas por su gobierno.

"Hemos sido víctimas de agresiones. Sé como funciona eso, la agresión psicológica para ver si amedrentan al gobierno", advirtió Temer este martes, al tiempo que instó a su equipo en ignorar esas manifestaciones y dedicarse a "cuidar del país".

 

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