El chileno Daniel Soto trabaja para una viña nacional por lo que estuvo dos semanas en Düsseldorf, Alemania, en una feria de vinos. En su ruta de regreso, tomó tren desde esa ciudad alemana hasta Bruselas, en un recorrido de no más de tres horas, en promedio. “En Alemania, en la estación de tren de Düsseldorf, había mucha seguridad, muchos militares, podías sentir que estaban preocupados”, dice Soto.

Pero cuenta que al llegar a la estación Gare du Nord de Bruselas, el lunes en la madrugada, el ambiente era distinto. Lo mismo en el aeropuerto de Bruselas-Zaventem, lugar donde se produjo el primer atentado de esta madrugada (04:00 hora chilena, 08:00 hora belga) que cobró la vida de al menos una docena de personas y dejó a otras 35 heridas.

Justamente, una de las críticas que ha salido a la luz horas después de que se produjera la doble explosión en la zona de embarque del principal aeropuerto belga es la falta de seguridad que había a esa hora. “Quizás era muy temprano, no sé por qué no había más seguridad”, dice Daniel Soto.

Mientras el aeropuerto de Bruselas-Zaventem canceló todas sus operaciones, los servicios ferroviarios de la empresa Eurostar, que conecta Bruselas, París, Londres y Lieja por tren, y la compañía de trenes de alta velocidad Thalys con conexiones entre París, Bruselas, Colonia y Ámsterdam, han interrumpido por completo sus servicios.

El metro de Bruselas, que también fue objetivo de un atentado en la estación de Maelbeek, muy cercana a la sede del Parlamento Europeo, también ha cancelado sus operaciones. Según testigos, hubo varias explosiones que hicieron caer vidrios y otros elementos a los andenes. Es de esperar que con el paso de las horas se sepa de más víctimas fatales.

El Isis, o Estado Islámico de Siria, se ha adjudicado el atentado ocurrido tres días después de que la policía belga capturara al principal acusado como “cerebro” de los ataques del 13 de noviembre en París, Salah Abdeslam. La policía belga, en conjunto con la francesa, habían desmantelado otros presuntos ataques a la capital europea.

Algunos países limítrofes con Bélgica, como Francia, Alemania y los Países Bajos, han anunciado que cerrarán sus fronteras y establecerán controles.

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