La decisión de la justicia francesa de frenar la prohibición del uso del burkini en las playas, lejos de calmar los ánimos, dio vuelo al debate que sacude Francia tras la ordenanza de un alcalde de vetar esta prenda de baño, imitada por otras localidades.

El Consejo de Estado, la más alta instancia administrativa francesa, determinó frenar la prohibición del uso del burkini en Villeneuve-Loubet, estimando que "en ausencia de riesgo, la emoción y los temores provocados por los atentados terroristas (...) no bastan para justificar legalmente de prohibición".

Sin embargo, una treintena de municipios han decidido mantener en Francia su veto al burkini después de que el Consejo de Estado, la máxima instancia administrativa, lo anulara en uno de ellos, informó ayer el semanario "Le Journal du Dimanche" (JDD), según el cual dos han decidido suprimirlo.

Por tanto, parece ser que la prohibición no ha servido para cerrar la polémica: la derecha y la extrema derecha han anunciado su intención de votar una ley que prohíba el burkini y el primer ministro mantuvo su postura de apoyar el veto a la prenda en cuestión.

El Consejo de Estado recordó a todos los alcaldes que han invocado el principio de laicismo que para prohibir el acceso a las playas no pueden fundarse en "otras consideraciones" distintas al orden público, "la accesibilidad a la zona de baño, la seguridad del baño, la higiene y la decencia".

El ministro francés del Interior, Bernard Cazeneuve, aseguró hoy que el Ejecutivo rechaza legislar sobre el porte del burkini porque una ley contra ese bañador islámico sería "inconstitucional e ineficaz". Una normativa de ese tipo, según declaró en una entrevista difundida hoy por el diario "La Croix", suscitaría "antagonismos y tensiones irreparables".

En Francia, país que cuenta con la comunidad musulmana más importante de Europa, son regulares las controversias sobre el lugar que debe ocupar el islam en la sociedad. A diez meses de la elección presidencial, la clase política francesa ha entrado de lleno en el enésimo debate sobre el tema.

La cuestión ha sido fuente de discrepancias dentro del gobierno socialista. Mientras que el primer ministro, Manuel Valls, apoyó las prohibiciones, la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem declaró que "la proliferación" de ordenanzas contra el burkini no era "bienvenida" y aseguró que esto "libera el discurso racista".

La polémica del burkini

La polémica saltó en Francia a principios de agosto, cuando Cannes fue la primera en prohibir en sus playas esa prenda que cubre completamente el cuerpo de la mujer y que sus detractores ven como una provocación al laicismo, las normas de higiene y seguridad.

Unas fotografías publicadas el pasado martes por el New York Times en las que se veía a cuatro policías increpando a una mujer con velo en una playa de Niza causaron conmoción. La prensa alemana mencionó una "guerra de religión" y el alcalde de Londres, Sadiq Khan, consideró que "nadie debería dictar a las mujeres lo que deben llevar".

En pleno debate sobre el uso del burkini en las playas de Francia, la polémica volvió a saltar ayer en el país después de que un hombre echara de su restaurante a dos mujeres musulmanas que llevaban velo y las llamara "terroristas".

La discusión se produjo en Tremblay-en-France, en la región parisina, y fue grabada por una de ellas con su teléfono móvil. El video, que se expandió rápidamente en las redes sociales, comienza en el momento en que las mujeres le recriminan que no quieren ser servidas por racistas.

"Los racistas no ponen bombas ni matan a la gente, los racistas como yo", contesta el propietario, y cuando la mujer le pregunta si ellas han puesto alguna contesta que "los terroristas son musulmanes y todos los musulmanes son terroristas".

 

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