La casa de Ingeborg McIntosh era un lugar temporal para niños que esperaban ser adoptados, pero cuando llegó Jordan decidió luchar por hacerlo su hijo. Cuatro años después, lo logró y Jordan se volvió, oficialmente, parte de su familia.

El año pasado, casi 27 años más tarde, Ingeborg descubrió que padecía un desorden en los riñones que la dejaría sin vida a menos que encontrara a un donador.

Sin comentarle nada, Jordan se sometió a varias pruebas para ver si eran compatibles y descubrió que sí lo eran. El trasplante se realizó el mes pasado sin ningún contratiempo.

En entrevista con Fox2Now, el joven confesó: “Siento que vine a la Tierra a hacer esto [...] Espero hacer más cosas por ella conforme crezca pero, por el momento, esto es lo que pude darle”. Después añadió: “Todo lo que hizo por mí desde que era pequeño, quise devolverlo y demostrarle cuánto la aprecio”.

Pueden ver el video de Jordan y su madre a continuación: