• FOTOREPORTAJE: En la galería pueden acceder a una fotogalería del fotoperiodista Manu Brabo sobre la situación humanitaria en Irak y el papel de Médicos Sin Fronteras

Mientras tanto, más personas se ven obligadas a huir de sus hogares como resultado de la reanudación de los combates. La crisis humanitaria está siendo impulsada por el conflicto en la región, y magnificada por la inestabilidad política y una severa crisis económica, que está erosionando aún más la frágil infraestructura de Irak y sus servicios, ya debilitados por años de violencia.

Bajo un sol de plomo, a 42ºC, miles de civiles iraquíes seguían huyendo de la ciudad de Faluya, un desafío para las ONG, que advierten de un posible desastre humanitario poco después que las tropas gubernamentales arrebataran parte de la ciudad a los yihadistas.

Decenas de miles de civiles han escapado de la ciudad, ubicada a sólo 50 kilómetros al oeste de Bagdad, tras una ofensiva contundente de las tropas iraquíes, que el pasado jueves retomaron varias zonas del centro de Faluya, hasta ahora en manos del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Las organizaciones humanitarias intentan hacer frente a la situación, máxime cuando miles de personas que han soportado el hambre y el trauma de la guerra se enfrentan ahora en su huida a un sol tenaz.

"El número total de desplazados de Faluya está estimado en unas 30.000 personas en los últimos tres días", indicó este domingo el Consejo Noruego para los Refugiados (CNR).

Antes de esta ofensiva, miles de civiles estaban atrapados en la ciudad, un bastión yihadista asediado desde hace meses, y eran utilizados a veces como escudos humanos por los combatientes.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que 84.000 personas se han visto obligadas a huir de sus hogares desde el inicio de la ofensiva de las tropas de Bagdad para tomar este bastión del EI, hace casi un mes.

“No tenemos lazos aquí en Bagdad. ¿Por qué debería quedarme? Allí tengo parientes, amigos y mi hermana. Yo preferiría volver a Ramada,  es el testimonio de Hameed Khalaf Ahmed, un agricultor de 64 años y padre de diez hijos, que dejó su ciudad natal en Ramadi, al norte de Bagdad cuando el Estado Islámico tomó el control.

Hameed Khalaf Ahmed es uno de los más de 3.3 millones de iraquíes descalzos dentro del país.

Desde el inicio de esta ofensiva, hace tres semanas, 43.470 personas han huido, la mayoría de ellas de las localidades que rodean Faluya, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicados el pasado martes.

Hay más de 3.3 millones de iraquíes desplazados en su propio país, y Bagdad alberga a más de 6000.000 personas desplazadas.“Estas son familias que vivían en ciudades y aldeas y que ahora perdieron todo. Muchos viven en edificios sin terminar, en escuelas, mezquitas o asentamientos improvisados,  a menudo en condiciones muy difíciles y deficientes, asegura Robert Onus, coordinador   de proyecto de Médicos sin Fronteras en Abu Ghraib, Bagdad.

"Desde febrero de 2015, MSF proporciona atención médica a las poblaciones desplazadas y desatendidas en Bagdad. Este año abrimos un centro de salud primaria en Abu Ghraib, en la zona oeste de la ciudad. Abu Ghraib tiene bastante tiempo brindando asilo a personas desplazadas, y desde 2014 más de 20,000 familias desplazadas de Anbar han buscado refugio allí. El centro de salud de MSF proporciona consultas gratuitas de salud básica y de salud reproductiva para la población desplazada y para la población local, que también sufre a causa de los limitados servicios provocados por el conflicto", relata Onus. 

Faluya ha sido un bastión de la insurgencia suní que luchó tanto contra la ocupación estadounidense de Irak como contra el gobierno de Bagdad liderado por chiíes. Los combatientes de Estado Islámico izaron allí su bandera en 2014 antes de arrasar con gran parte del norte y oeste de Irak.
Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió el miércoles que miles de niños enfrentan una situación de violencia extrema en Faluya y que las reservas de alimentos en la asediada ciudad están mermando.


Al menos 20.000 niños permanecen dentro del bastión de Estado Islámico cercano a Bagdad y corren el riesgo de ser reclutados por la fuerza para combatir y de ser separados de sus familias.

 

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