La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del pasado martes 8 de noviembre no sólo sepultó las aspiraciones de Hillary Clinton de ocupar el cargo, sino que también llevó la incertidumbre a todo el Partido Demócrata. Los republicanos, que ocupan el lado de la derecha conservadora en el espectro político estadounidense, no sólo obtuvieron con Trump la presidencia, sino que lograron mantener la mayoría y el control de las dos cámaras del Congreso.

Esta situación le puede dar al presidente Trump un poder inédito: podría hasta, con el apoyo de los congresistas de su partido, nombrar a dos de los jueces que ocupan la Corte Suprema, encargados de vetar o aprobar las propuestas presidenciales según la Constitución. En este escenario, los demócratas quedan en una posición muy débil, considerando además que sus principales figuras, aparte de los Obama, tienen más de 60 años de edad.

“Es probable que Hillary Clinton no compita para la presidencia en 2020, pero seguirá manteniendo su influencia y su imagen en las políticas del Partido Demócrata, y podría ser una fuerza importante a la hora tanto de proponer políticas públicas como apoyando a futuros candidatos, tanto para las elecciones del 2018 (parlamentarias) como para las del 2020 (parlamentarias y presidenciales)”, dice Elizabeth Sherman, profesora de Políticas Públicas de la American University de Washington D.C.

De todas formas, hace falta una carta de recambio en el Partido Demócrata. Si bien Bernie Sanders logró movilizar a una gran cantidad de “millenials” durante su campaña en las primarias, el senador por Vermont tiene 75 años. La otra carta demócrata, el vicepresidente Joe Biden, tiene 73. Ambos estarían descartados para una posible carrera presidencial en 2020.

De todas formas, según explica Sherman, la derrota de Clinton le ha dado más popularidad al senador Sanders, por lo que su papel en el Senado puede ser importante para el Partido Demócrata proponiendo aumentos de impuestos para la clase más rica del país y una mayor inversión para la educación y la salud pública. De todas formas, la posición en la que quedaron los demócratas en el Congreso es una traba importante para las aspiraciones del partido.

Y aunque Barack Obama, de 55 años, no pueda volver a postularse a la presidencia de EEUU, él y su esposa Michelle, de 52 años, cuentan con una gran popularidad en la población estadounidense, lo que les favorece a la hora de intentar liderar al partido. De todas formas, Obama ha dicho que su esposa Michelle odia la política.

Aún así, el ejemplo de Obama es esperanzador para los demócratas. Cuatro años antes de convertirse en presidente de Estados Unidos, era un completo desconocido que se estaba postulando para el Senado por el estado de Illinois. Pero su discurso en la convención demócrata del 2004, que nominó a John Kerry para competir por la presidencia contra George W. Bush, impresionó a todos.

“Muchos jóvenes demócratas están emergiendo por su liderazgo y serán ellos quienes se encarguen del partido en los próximos años", dice Elizabeth Sherman. Cory Booker, el senador por el estado de New Jersey, es una de las figuras de menos de 50 años más importantes. "Pero los Obama seguirán siendo las figuras más poderosas de la escena nacional y sus discursos, charlas e intervenciones serán muy influyentes, así como importante su capacidad para movilizar a los demócratas en torno a sus políticas”, dice Sherman.

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