Hoy, poco más de millón y medio de habitantes del estado de New Hampshire asistirán a las urnas para elegir a su candidato favorito, demócrata o republicano. Según datos de RealClear Politics, el vencedor republicano ganador debiese ser Donald Trump, con un 32% de las preferencias. Aventaja por más del doble de puntos a su más cercano perseguidor, Marco Rubio (15%). Detrás, Ted Cruz, el ganador de Iowa, obtendría 13%.

En el lado demócrata, Bernie Sanders le sacaría mucha ventaja a Hillary Clinton (55% frente a 39,8%). “En todo caso, no se pueden ignorar las informaciones de la prensa local, que dicen que muchas de las personas que han asistido allí los eventos de campaña de Trump provienen de otros estados”, dice Kyle Kondik, del Centro de Políticas de la Universidad de Virginia.

De todas formas, los votantes de New Hampshire se han caracterizado por su independencia a la hora de sufragar. Esto le agrega una cuota importante de imprevisión a cualquier predicción.
Esta vez, pareciera que los discursos menos tradicionalistas son los que mueven a los habitantes de este estado. Trump, que tuvo que afrontar una derrota “imposible”, según sus palabras, necesita una victoria para reponer la imagen que se autoconstruyó. Hace algunas semanas aseguró que “podría disparar en medio de Nueva York y aún así no bajaría en las encuestas”.

Sanders, por su parte, es consciente de que debe obtener la mayor cantidad de votos posible. New Hampshire es el estado donde más claro es su favoritismo frente a Hillary Clinton, una candidata más identificada con el “establishment”. “En el caso de las predicciones con Sanders podría haber más certezas, porque los demócratas solo tienen dos candidatos en carrera, limitando el potencial de  vacilación”, dice Kondik.

Quizás, como afirma RealClear Politics en su página web, la principal fortaleza de Sanders sea, a la vez, su mayor debilidad. El senador por el estado de Vermont y ex activista en la década de los 60 tiene un discurso progresista en temas relevantes en EEUU, como el aborto, y se ha autodefinido en su campaña como partidario de la socialdemocracia europea.

Durante su carrera política, de más de medio siglo, ha sido muy consistente, como resaltan los expertos, y ha mantenido enérgica oposición a las intervenciones del Ejército estadounidense en Medio Oriente. “Sólo basta con una rápida búsqueda en YouTube para encontrar videos de él de las décadas de los 80 y 90 hablando exactamente de los mismos temas que hoy”, se lee en el citado portal. Su punto flaco, asimismo, podría ser su poca flexibilidad a la hora de tratar estos temas.

En el otro lado, el magnate del negocio inmobiliario se ha forjado un favoritismo a punta de polémicas declaraciones. “Construiremos un muro en la frontera del sur, que México pagará”, decía su primer video viral de campaña. Como ha sido común en los candidatos republicanos de esta elección, Trump esgrime un discurso chovinista y catastrófico. Ha afirmado en muchos discursos que le “devolverá a Estados Unidos el papel de superpotencia que ha perdido en los últimos años”. “Derrotaremos al Estado Islámico, y nos quedaremos con su petróleo”, dice la voz de su video propagandístico.

Este discurso ha calado en la sociedad estadounidense, aunque no se sabe con cuánta solidez. Ahora, aunque no especifica cómo, el millonario promete “traer los empleos de China de vuelta (a EEUU)”. Dice que la fuga de las plantas de producción de las grandes empresas a países donde la mano de obra es barata es la principal causa de los bajos salarios, a pesar de que la economía del país del norte es una de las que más crece. Hay que recordar que mientras en todo el país 15% de la población está en situación de pobreza, según datos de la Oficina del Censo, New Hampshire es el que menos pobres tiene entre su población (6,6%). Será este favorecido estado el que podrá dar algunas respuestas al millonario postulante a la Casa Blanca.