Después de su independencia, México tuvo dos intentos por volver a un sistema monárquico, ambos fallidos. Apenas se separó de la corona española, la nación latina del norte adoptó un sistema monárquico en 1821, y su nombre oficial fue Imperio Mexicano. Su primer y único monarca fue Agustín de Iturbide. Ese “ensayo” apenas duró tres años y después se impuso la República. Pero eso no significaría la muerte de los seguidores de la monarquía.

En 1862, México era una nación convulsionada a la que varias potencia europeas observaban con especial atención y con claras intenciones de influir directamente.

La joven república mexicana tuvo que hacer frente a intentos españoles y británicos por controlar los destinos del territorio azteca. Pero sería una arremetida de la corona francesa, encabezada por Napoleón III, la que desestabilizaría al gobierno de Benito Juárez y lo derrotaría militarmente.

En un audaz golpe, el bando monárquico mexicano, apoyado militarmente por Francia, derrotó a las fuerzas republicanas de Juarez, en mayo de 1862. La República quedó reducida a un montón de guerrillas y el presidente elegido no tuvo más que huir.

Pero los seguidores de la monarquía no querían repetir el fallido Primer Imperio liderado por Iturbide, así que esta vez apuntaron a un príncipe europeo para ungirlo como nuevo emperador.

Las principales condiciones que debía cumplir el nuevo monarca eran tres: ser católico, pertenecer a una de las casa europeas y respetar las tradiciones mexicanas. Después de un tiempo de debate, el congreso mexicano optó por el candidato de Napoleón III: el príncipe Maximiliano, archiduque de Austria y miembro de la familia Habsburgo, una de las más poderosas del Viejo Continente.

El 3 de octubre de 1863, hace 155 años, una delegación mexicana viajó a Italia, hasta el Castillo de Miramar, para ofrecerle la corona a Maximiliano, quien tenía 31 años.

El príncipe austríaco aceptó y así se inició la etapa en la historia de México conocida como el Segundo Imperio. El nuevo monarca asumió como Maximiliano I de México el 10 de abril de 1864.

Pero la nueva época imperial también duraría poco. Estados Unidos activó un fuerte apoyo al bando republicano y el presidente Benito Juárez inició una dura resistencia militar que terminaría con el triunfo del bando republicano en 1867.

Pese a la súplicas de las coronas europeas, Maximiliano I fue fusilado el 15 de mayo de 1867, en una clara señal de que la República de México no toleraría más intromisiones europeas en sus asuntos internos.

 

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