El papa Francisco culmina este miércoles su gira mexicana en una recuperada pero herida Ciudad Juárez, donde abordará el problema migratorio en una masiva y simbólica misa que llegará a fieles en ambos lados de la frontera con Estados Unidos.

Con decenas de pancartas gigantes que le dan la bienvenida y proclaman que "Juárez es amor", muchos vecinos de esta ciudad fronteriza con El Paso (Texas) se sienten halagados y esperan que la visita de Francisco ayude a dejar atrás los estigmas que aún pesan sobre ella, como el ser sinónimo de asesinatos y feminicidios.

"Nos sentíamos muy olvidados. Se hablaban puras cosas malas de Juárez y yo creo que el papa viene a reconocer la resiliencia de la ciudad, que nos hemos levantado de la adversidad", dice María Eugenia Boisselier, una ama de casa de 43 años que contempla orgullosa con un grupo de amigas el altar donde Francisco hará su esperada misa al lado del Río Bravo.

Por este río que hace de frontera natural con El Paso cruzan clandestinamente centenares de migrantes cada año tratando de lograr el sueño americano. La mayoría son centroamericanos que huyen de la violencia y la pobreza de sus países y se juegan la vida al cruzar México, donde son víctimas de extorsiones, secuestros e incluso asesinatos por parte del crimen organizado y, algunas veces, también de policías corruptos.

Después de haber lanzado mensajes duros contra el narcotráfico y la corrupción a lo largo de su gira por México, está previsto que el papa se enfoque este miércoles especialmente en la dramática situación de los migrantes en un mensaje que tendrá eco en ambos lados de la frontera.

Más de 200.000 personas asistirán a la misa del lado de Juárez, que será retransmitida por pantalla gigante en un estadio de El Paso con capacidad para 51.000 asistentes.

- Respeto a los migrantes -

Cerca del lugar donde tendrá lugar el oficio religioso está el sencillo comedor comunitario El Pescador, sitio de paso para muchos migrantes como Isaías Franco, un salvadoreño de 47 años. Isaías llegó a Juárez después de cruzar todo México a lomos del tren de carga conocido como 'La Bestia' y de pasar "hambre, frío y desveladas". "Nosotros no vamos a hacer daño a nadie, sólo salimos de nuestros países a buscar un futuro mejor. Solo pedimos respeto", expresa este salvadoreño flaco y sin afeitar, que llegó a vivir siete años en Oklahoma pero fue deportado en 2011.

En los últimos meses, se ha registrado una ola de deportaciones en la frontera sur de México que se suman a las que realiza Estados Unidos, que las ha intensificado a raíz de la crisis de menores migrantes no acompañados.

En Estados Unidos, de hecho, voces antimigratorias como las del precandidato presidencial republicano Donald Trump tienen cada vez más altavoces: el magnate lamentó el martes que Francisco sea una personalidad "muy política" que no entiende "el peligro de tener una frontera abierta como la que hoy tenemos con México".

- Los años violentos -

La migración es solo uno de los problemas que experimenta Juárez por su condición fronteriza.

Enclavada en el desierto de Chihuahua (norte), esta ciudad vivió los peores años de la guerra militar contra el narco entre 2008 y 2011, en medio de las batallas entre el cártel de Juárez y el de Sinaloa, de Joaquín 'El Chapo' Guzmán, por quedarse con esta plaza estratégica para el tráfico de drogas.

Decenas de chicas jóvenes desaparecieron esos años y sus familiares siguen buscándolas o exigiendo justicia por las que aparecieron en pedazos en el desierto, volviendo la memoria a la época negra de los feminicidios en los 90. Cruces negras sobre un fondo rosa están estampadas en varios puntos de Juárez y un grupo de madres hizo una pequeña protesta el martes con carteles que decían: "Ni una más!"

Estas madres y familiares de otras víctimas de la violencia, como los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, podrían estar en la misa transfronteriza del papa.

La violencia será otro de los ejes de la escala de Francisco a Juárez, donde visitará un centro penitenciario que simboliza el cambio de la ciudad, al pasar de ser uno de los más violentos a convertirse en uno ejemplar. El evento tendrá especial significación porque, un día antes de que el papa llegara a México, 49 presos murieron en un motín en una prisión en Monterrey (norte).

Francisco también se reunirá con unos trabajadores de las fábricas manufactureras o maquilas, reveladoras de la pobreza de aun reina en la 'nueva' Juárez.

 

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