El régimen sirio continuaba el lunes con su política de hostigamiento al grupo Estado Islámico (EI) un día después de reconquistar Palmira, una victoria mayor para el ejército, que quiere arrebatar a la organización yihadista sus principales feudos.

Fortalecido por su mayor éxito frente al EI, el poder de Bashar al Asad, apoyado por los rusos y el Hezbolá libanés, ha demostrado ser fuerza eficaz en el combate contra el grupo ultrarradical, que ha reivindicado los atentados de Bruselas y París.

Con la reconquista el domingo de Palmira (centro), conocida mundialmente por sus tesoros arqueológicos de los cuales una parte ha sido destruida por el EI, el régimen quiere erigirse como salvador del patrimonio de la Humanidad frente a los extremistas que controlaban el sitio milenario desde mayo de 2015.

El lunes, el ejército apoyado por la potente aviación rusa y milicias "se preparaba para lanzarse al asalto de las ciudades de Al Qaryatayn y Sojna", bajo control del EI y situadas respectivamente al oeste y al este de Palmira, explicó a la AFP Rami Abdel Rahman, director del Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

La idea del régimen sirio es reforzar su presencia en Palmiria para llegar desde ahí hasta Raqqa, la principal ciudad y centro de operaciones del Estado Islámico en Siria.

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