"Unos hombres intentaron robarme, ¿cómo debo reaccionar la próxima vez?", preguntaba Marie Sophie Christ a un policía en la plaza central de Colonia.

Furgones policiales y agentes se encuentran apostados ante la estación y la catedral desde que se supo la magnitud de las agresiones ocurridas la noche del 31 de diciembre en esta metrópolis de Renania (oeste). Más de un centenar de mujeres han denunciado hasta ahora vejaciones, acoso sexual o robos cometidos por hombres de aspecto "árabe" o "norteafricano", y las quejas siguen llegando.

"Hay un sentimiento extraño" tras lo ocurrido. "Tenemos más cuidado con nuestras pertenencias", explica Marie-Sophie, que pasea junto a su amiga Erika Fehler. Las adolescentes, de compras aprovechando las rebajas, acaban de tener un encontronazo con un grupo de hombres jóvenes que querían sus mochilas, afirman.

Molesta, no quiere acusar a los refugiados, aunque Erika tiene menos reparos. "Tenían aspecto de refugiados... o de albaneses. Con barbas y ropa oscura", afirma.

- "Miedo" -

La madre de Marie-Sophie ha fijado una nueva regla: cita todas las horas delante de la catedral. "Mamá no tenía tanto miedo antes", explica la adolescente.

El centro comercial de Colonia, cerca de la estación, es conocido por ser lugar con una fuerte presencia de carteristas, especialmente durante las fiestas navideñas. Pero en la noche de San Silvestre de este año, la criminalidad cambió de escala.

Entre los comercios de la estación, la indignación es palpable. "Había cientos de ellos, y eran muy agresivos", explica una vendedora que prefiere no decir su nombre. "Árabes", como dijeron los medios, pero "no verdaderos refugiados, estaban realmente bien organizados", precisa.

"Siempre tenemos los mismos problemas con la misma gente", se queja la mujer, criticando el "retraso" y la ineficacia de la policía, así como la insuficiencia de agentes la noche de los hechos.

Pese a que las autoridades han repetido hasta la saciedad de que no tienen pruebas de que haya refugiados implicados en las agresiones, las amalgamas abundan.

- Temor por el turismo -

Al miedo e indignación de la población se une el temor a que lo ocurrido repercuta en el turismo, especialmente a menos de dos meses de los famosos carnavales de Colonia.

"La imagen de la ciudad ha recibido un golpe", admite el director de la Oficina de Turismo, Josef Sommer, al diario local Kölner Stadt-Anzeiger.

"Recibimos muchas preguntas de expositores preocupados y de visitantes alemanes y extranjeros", coincide el responsable de los salones profesionales de la ciudad, Gerald Böse.

"Seguramente no había ningún refugiado entre los agresores, pero los términos empleados por los medios dan una mala impresión", reconoce Petra Müller, de 45 años y nativa de Colonia.

Esta secretaria se niega a sucumbir a la paranoia: nada le impedirá participar en el carnaval. Tampoco tiene intención de mantenerse a distancia de los desconocidos, tal y como sugirió la alcaldesa Henriette Reker a las mujeres, recibiendo un aluvión de críticas y mofas.

La desconfianza es lo que más teme Ghaith Anthipan. Con lágrimas en los ojos, este sirio de 20 años desafía a la lluvia y los 7 grados de temperatura en las escaleras de la catedral, acompañado de un amigo y un cartel que, en un alemán aproximativo, reza: "Me duele lo que le ocurrió a las mujeres de Colonia en Año Nuevo".

Algunos viandantes se detienen para intercambiar palabras amables con él, pero pocas horas antes, un partido de extrema derecha local reunió a decenas de personas contra "la violencia de los inmigrantes", eso sí, frente a los abucheos de unos 150 contramanifestantes.

En la estación, Lamine Bah, refugiado guineano de 19 años se lamenta: "quienes hicieron eso, han ensuciado a todos los refugiados".

 

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