Los sindicatos, liderados por la Confederación General del Trabajo (CGT), esperan movilizar a decenas de miles de personas para reafirmar su oposición a la reforma del ejecutivo, una movilización inédita contra un gobierno socialista desde 1981, cuando era presidente François Mitterrand.

La policía, movilizada para la Eurocopa para evitar posibles atentados, teme enfrentamientos en París, donde la Torre Eiffel estaba cerrada este martes por la huelga.

La amenaza yihadista volvió a hacerse patente con el asesinato el lunes de un policía y de su compañera a manos de un hombre que había jurado fidelidad al grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Las autoridades prohibieron manifestarse en París a unas 130 personas que fueron detenidas en protestas anteriores. Desde el 9 de marzo ha habido centenares de heridos en enfrentamientos durante las manifestaciones.

El secretario general de la CGT, Philippe Martinez, líder de las protestas, ha prometido una movilización histórica. Su sindicato ha fletado más de 600 autocares en toda Francia para traer manifestantes a la capital.

Su objetivo es superar la cifra de manifestantes del 31 de marzo de 390.000 en 250 ciudades, según las autoridades (1,2 millones, según los organizadores).

Varios manifestantes bloquearon parcialmente este martes la circulación en Brest (oeste) y en el puerto de Marsella (sur). Según la CGT también hay varias centrales nucleares y líneas de alta tensión cortadas de región de París afectadas por la huelga.

La jornada de protesta, la primera concentrada en París, coincide con el examen de la reforma laboral en el senado, una cámara con mayoría conservadora que podría añadir nuevas medias liberales a la reforma.

El 23 y el 28 de junio hay convocadas otras dos jornadas de huelgas y manifestaciones.

- 'No temo nada' -

El gobierno socialista, que por el momento se niega a retirar su texto, considerado demasiado liberal por sus detractores, decidió sin embargo en marzo retirar algunos de las medidas más polémicas con la esperanza de obtener el apoyo de los sindicatos reformistas como Cfdt.

"No temo nada, naturalmente escucho, el diálogo con los actores sociales es permanente", aseguró el lunes el primer ministro Manuel Valls.

La reforma, la última del mandato de cinco años de François Hollande antes de las presidenciales de 2017, tiene el objetivo de dar flexibilidad a las empresas para luchar contra el desempleo, que se mantiene en cerca del 10%. Pero sus detractores consideran que aumentará la precarizacion de los asalariados.

En los últimos días la CGT, que hasta ahora pedía la retirada total del texto, exige sólo la supresión de su artículo más polémico que liberaliza la legislación sobre el tiempo de trabajo y favorece los acuerdos caso por caso en las empresas.

El líder de la CGT, Philippe Martinez, que hasta ahora se había negado a negociar con el gobierno, aceptó en las últimas horas una entrevista con la ministra de Trabajo, Myriam El Khomri.

En las últimas tres semanas los opositores a la reforma han bloqueado puertos, refinerías y depósitos de carburante, obligando al gobierno a recurrir a sus reservas estratégicas de petróleo.

Las protestas han perjudicado además la imagen de Francia en el extranjero y en particular el sector del turismo, ya muy afectado por los atentados de 2015.

En paralelo a la movilización contra la reforma laboral, los trabajadores de la compañía nacional de ferrocarriles (Sncf) y los pilotos de Air France empezaron hace diez días huelgas para protestar contra sus condiciones de trabajo.

Según un sondeo publicado el domingo, el 54% de los franceses están en contra de continuar las huelgas y las manifestaciones, un resultado exactamente inverso al de otra encuesta de hace tres semanas.

 

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