La palta es un producto de lujo, gourmet, en muchos lugares del mundo. En Estados Unidos y Europa la adoran, y su consumo ha llegado hasta la isla de Nueva Zelanda.

Según consigna el diario inglés The Guardian, fueron unos 96.000 nuevos hogares los que, en 2015, comenzaron a incorporar a esta fruta en su dieta habitual, cuyo precio bordea las 3 libras esterlinas por unidad (más de 2.000 pesos). Esto provocó que el mercado de paltas local no diese abasto al aumento en la demanda. ¿Resultado? Escasez del fruto verde. No más guacamole. No más pan con palta.

Desde entonces, encapuchados se han metido en las granjas productoras de paltas del norte del país y han comenzado a robarlas. En lo que va de 2016 se han denunciado unos 40 robos de paltas, haciéndolas llegar inmaduras a los mercados de las grandes ciudades neozelandesas, como Aukland.

"Estas paltas pueden significar un peligro", dijo el sargento Aaron Fraser al medio inglés. "Están inmaduras, muchas han sido rociadas recientemente y pueden tener toxinas en su cáscara. Pero el precio de las paltas por las nubes hace que los ladrones decidan correr el riesgo", agrega.

Mientras, las granjas de paltas están tomando medidas de seguridad: instalan rejas, luces y cámaras de seguridad en sus recintos para que el robo de paltas se termine de una vez por todas.

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