El grupo yihadista Estado Islámico (EI) lanzó este lunes una serie de sangrientos atentados contra dos bastiones del régimen sirio en la costa del país, causando más de 120 muertos en uno de los peores ataques desde el inicio del conflicto en 2011.

Estos atentados, reivindicados por el EI y dirigidos contra Tartus y Jableh, son inéditos en estas ciudades que hasta ahora habían permanecido bastante al margen de la guerra en Siria. También son los más sangrientos desde hace 30 años en estos feudos alauitas, la rama chiita minoritaria a la que pertenece el presidente, Bashar al Asad.

Los ataques se producen cuando el EI está sometido a una creciente presión militar tanto en Siria como en Irak, donde las fuerzas gubernamentales lanzaron el lunes la batalla para expulsar a los yihadistas de la ciudad de Faluya.

El EI reivindicó también este mismo lunes un doble atentado en Yemen, que causó 41 muertos entre jóvenes reclutas en la ciudad de Adén.

Una ola de atentados

La serie de atentados de este lunes en Siria empezó hacia las 09:00 locales en Tartus, cuando dos kamikazes se hicieron estallar en el interior de la estación de autobuses, antes de que un coche bomba detonara en el exterior, según una fuente policial de la ciudad.

Un cuarto de hora después, en Jableh -60 km más al norte-, se produjeron explosiones en la estación de autobuses, la compañía de electricidad y dos hospitales, informó a la AFP otra fuente policial.

"En el hospital nacional un kamikaze hizo estallar su cinturón en el servicio de urgencias, y un coche bomba estalló en la entrada del (hospital) Al Asad", precisó la fuente.

En total, la policía dijo que hubo cuatro coches bomba y tres atentados suicidas, mientras que el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH) divulgó un balance de dos atentados con coche bomba y cinco ataques suicidas.

Según el OSDH hubo al menos 121 muertos, casi todos civiles, y decenas de heridos, mientras que la agencia oficial Sana da un balance de 78 muertos.

"Es la primera vez que llega la guerra a Tartus (...) He visto desde mi ventana a gente corriendo aterrorizada, las tiendas han cerrado y la ciudad está totalmente paralizada" relata Merhi, un pintor.

Si se confirmara la reivindicación del EI -que no tiene presencia conocida en la costa siria, a diferencia del Frente Al Nosra-, se trataría de un importante logro del grupo yihadista, tras sus derrotas militares en el oeste de Irak y el este de Siria.

Después de los atentados, los habitantes de Tartus increparon a refugiados procedentes de Alepo e Idleb -bastiones de la rebelión islamista- acusándolos de "simpatía con el terrorismo".

Bases rusas

Tartus y Jableh albergan respectivamente la base marítima y el aeropuerto militar del contingente ruso que apoya a las fuerzas gubernamentales del régimen de Al Asad.

"La emergencia de las tensiones y de la actividad terrorista en Siria suscitan una gran inquietud" reaccionó tras los ataques el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, cuyo país lleva a cabo desde hace ocho meses bombardeos contra los adversarios del régimen de Asad.

Estos atentados "reflejan otra vez lo frágil que es la situación en Siria y la necesidad de tomar medidas enérgicas para reactivar el proceso de paz" añadió el portavoz.

Se trata de los ataques más sangrientos desde el 16 de abril de 1986, cuando explotaron varias bombas en Tartus y otras localidades cercanas, causando 144 muertos.

Las autoridades sirias acusaron entonces a la cofradía de los Hermanos Musulmanes, con el apoyo financiero del exdictador iraquí Sadam Husein.

PUB/CM