El graffitero Bansky, pseudónimo que más significa una leyenda del arte callejero de protesta, eligió la embajada de Francia en Londres como su última superficie en la que trabajar. Su mensaje fue directo: indignación por el actuar de la policía francesa en la región de Calais, la misma en la que alguna vez las tropas nazis establecieron sus cuarteles generales para acabar, desde ahí, acosar Londres. Esta vez, los campamentos son de miles de refugiados huidos del norte de África por una guerra cruel, que ya lleva seis años (los mismos que la Segunda Guerra Mundial).

Por vez primera, Bansky incorporó a su arte efímero en la realidad (ya fue mandado a tapar con chapas de madera), eterno en la web, un elemento digital: pintó un código QR, que al escanearlo se accedía a un video. Muestra los ataques de la policía francesa, en plena noche (cuando ocurren las peores atrocidades), con tarros de gas lacrimógeno y proyectiles en forma de racimo, todo confusión, todo gritos.

Banksy ya anunció, coherente con su crítica, la desmantelación de su parque Dismaland para aprovechar sus materiales en la construcción de campamentos para los refugiados de Calais.

El video, a continuación.

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