El jefe interino de la Cámara de Diputados de Brasil reculó en su decisión de anular la votación sobre el juicio de destitución contra la presidenta Dilma Rousseff, después de que el Senado decidiera ignorar la sorpresiva medida.

El diputado Waldir Maranhao informó en un escueto comunicado difundido este martes de madrugada que "revocaba la decisión" tomada más temprano de anular la sesión del 17 de abril, en la que la cámara baja aprobó por arrolladora mayoría el 'impeachment' contra la mandataria de izquierda, según los principales sitios de noticias de Brasil.

La carta es una mera formalidad. El jefe del Senado, Renan Calheiros, ya había decidido que el procedimiento de destitución de Rousseff por maquillaje de las cuentas públicas seguirá el curso previsto en el pleno de la cámara alta este miércoles.

Calheiros dijo que la medida tomada de Maranhao de anular la votación en la cámara baja era "una broma sobre la democracia" y aceptarla atrasaría el proceso. Todo indica que el pleno de 81 senadores votará el miércoles iniciar un juicio político a Rousseff y apartarla del poder por hasta 180 días, mientras se tramita el proceso y se llega a una sentencia definitiva.

Si es suspendida, como anticipan sondeos y expertos, el vicepresidente Michel Temer, exaliado del gobierno y hoy su mayor enemigo, asumiría el poder de forma interina. Y si Rousseff es finalmente destituida por dos tercios del Senado, gobernaría hasta el fin de su mandato en 2018.

Analistas pronostican que el gobierno buscará paralizar el proceso en la corte suprema con medidas cautelares.

El presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski, dijo que la máxima corte "dará prioridad a los recursos judiciales relacionados al impeachment" durante una reunión con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, a quien garantizó que el proceso respetará la ley.

- "Cautela" -

Estas parecen ser las horas finales del mandato de la primera presidenta de Brasil, una exguerrillera de 68 años reelegida hasta 2018 que denuncia un "golpe parlamentario" en su contra.

"Precisamos defender la democracia, luchar contra el golpe, luchar contra todo ese proceso extremadamente irregular", insistió Rousseff poco después de conocer la decisión de Maranhao. "Tengan cautela, vivimos una coyuntura de mañas y artimañas", afirmó.

Pequeñas manifestaciones a favor y contra del 'impeachment' se convocaron en el centro financiero de Sao Paulo. "Ni la Cámara de Diputados ni el Senado tienen condiciones de juzgar a Dilma", dijo a la AFP Salvia Correia, una profesora de 60 años que tiene aún esperanzas de que la justicia "detenga" el proceso. "No hay otro camino que la salida de Rousseff del poder", lanzó por su lado Victor Pereira, de 39 años, cerca.

Maranhao -que votó contra el impeachment de Rousseff en abril- asumió interinamente la jefatura de la cámara baja la semana pasada, cuando reemplazó a Eduardo Cunha, enemigo político de la mandataria y cerebro detrás del juicio político de Rousseff.

En una medida inusitada, Cunha fue suspendido de su mandato por la Corte Suprema por intentar obstruir las investigaciones en el escándalo de corrupción de Petrobras, en el que está involucrado.

Al asumir el cargo, Maranhao acogió un pedido del abogado general del Estado y aseguró que en la sesión de la Cámara de Diputados del 17 de abril se prejuzgó a Rousseff al anticipar votos, restando a la mandataria el derecho a una legítima defensa, pero Calheiros consideró que "ninguna decisión unipersonal puede sobreponerse a la decisión colegiada".

A menos de tres meses de los Juegos Olímpicos que comienzan el 5 de agosto en Rio de Janeiro, Brasil es sacudido por la batalla por el 'impeachment', una recesión económica que se anticipa como la peor en un siglo y una enorme investigación por corrupción en la estatal Petrobras que tiene a decenas de políticos y grandes empresarios en la mira.

Rousseff no es blanco de ninguna investigación o acusación por corrupción. Pero tanto sus mayores aliados como sus más acérrimos enemigos son investigados o acusados en el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil, que defraudó a la estatal Petrobras en más de 2.000 millones de dólares y engrosó bolsillos de políticos del gobernante PT y aliados, así como las arcas de sus partidos.

 

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