El pasado 23 de junio los británicos decidieron su lugar en el mundo en un histórico referendo que daba a elegir entre permanecer en la Unión Europea o salir.  Ganó la segunda opción, o Brexit con 17.410.472 de los votos frente a 16.141.241, lo que provocó un verdadero terremoto  político en Europa que tuvo consecuencias inmediatas como la dimisión del primer ministro británico David Cameron y la caída de la libra esterlina a su nivel más bajo desde 1985.


Con una participación del 72,2%, los jóvenes fueron los grandes perdedores ya que, de acuerdo con una encuesta realizada por la firma YouGov, el 75% de los electores de entre 18 y 24 años votó por “Remain”; esto es que querían quedarse en el bloque europeo. “El futuro de este país ha sido decidido por quiénes no estarán aquí para vivir con las consecuencias. ¡Qué desastre!”, escribía en twitter un joven británico de Manchester.


Se abrió de esta forma la temida caja de Pandora: “Creo que realmente nadie esperaba ni estaba preparado para que ganara la opción del Brexit, ni siquiera los partidarios más entusiasmados por salir. No se ve cuál es el plan de salida de Reino Unido, ni cuál es la relación que quieren tener a futuro con la UE”, opina Paulina Astroza, abogada especialista en Relaciones Internacionales y Política Europea.  


Pero, ¿cuál es el escenario que se presenta ahora? Desde el punto de vista jurídico, lo que corresponde es que Reino Unido notifique oficialmente a Bruselas su voluntad de retirarse de la UE para poder poner en marcha el procedimiento establecido en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.

Es la única norma que existe y al no haber precedentes de aplicación, existen dudas sobre su implementación, explica Astroza:  “Debe negociarse la salida de Reino Unido, luego (o paralelamente) la futura relación de Reino Unido con la UE y posteriormente, la relación de Reino Unido con terceros estados (entre ellos Chile) que se encuentran vinculados con Reino Unido a través de la UE”.  Es esta notificación la que Reino Unido está dilatando, ya que David Cameron le ha dejado la tarea al futuro primer ministro, que se conocerá recién el 9 de septiembre próximo. Por su parte, los socios europeos están exigiendo que se realice lo antes posible para evitar más incertidumbre y mayores costos, con una posición firme de no hacerle las cosas fáciles a Reino Unido.

En este sentido,  los líderes europeos han dicho claramente que no negociarán hasta que se haga efectivo el retiro, y advirtieron que no habrá “un mercado único a la carta”, sin aceptar la libre circulación de personas, que es una libertad inherente a este mercado único.

Un Reino (des)Unido


El triunfo del Brexit también ha dejado al descubierto fracturas internas, no sólo generacionales, sino también territoriales: la opción de permanencia fue mayoritaria en dos de las cuatro naciones que componen el Reino Unido: Escocia e Irlanda del Norte. También Gibraltar, que votó en un 98% por seguir en la UE.


Una división que ha dado pie a las especulaciones sobre si estos resultados no derivarán en nuevos referendos. En este caso, se trataría de una nueva consulta escocesa sobre la independencia del Reino Unido, como ya ha advertido la premier escocesa Nicola Sturgeon, quien viajó el día de ayer a Bruselas para explicar el deseo de Escocia de permanecer en la UE.


En opinión de Paulina Astroza se trata de una crisis y tensión política que era predecible. “De concretarse el Brexit, podría efectivamente presionarse por que se aprueben referéndums en ambas naciones, pero para esto se requiere acuerdo del Parlamento británico y luego de los parlamentos nacionales, y no sé si contará con ambas decisiones políticas”, afirma, “Escocia depende mucho de Inglaterra, entonces hay que esperar a que decanten las cosas”, puntualiza.

El efecto contagio está a la vuelta de la esquina


Los representantes de partidos nacionalistas y de extrema derecha de todo el continente celebraron el resultado lla­mando a celebrar referendos similares en sus respectivos países, viendo el caso británico como referente a lo que quieren hacer.
Sin embargo, “siguen siendo más importantes los intereses comunes que unen a los europeos que sus diferencias”, afirma Astroza.


Por su parte la UE debe analizarse, reflexionar y volver al espíritu de los Padres Fundadores de la construcción europea, señala, y añade: “Debe conectarse con su ciudadanía, la que cada día se muestra más escéptica y desconfiada. Debe dimensionar lo que ha sido para muchos los duros ajustes a raíz de la crisis económica y avanzar en una mayor integración entre aquellos estados que estén dispuestos a avanzar más en esa ‘unión cada vez más estrecha’ que rezan sus tratados”.


“Queda ver si la UE reacciona adecuadamente, en ese caso podría ser  una vencedora a largo plazo si aprovecha esta coyuntura para profundizar su integración, que en varios aspectos había sido obstaculizada por el propio Reino Unido ”, y así evitar el posible efecto contagio a otros países, concluye.

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