Investigadores acaban de restaurar la más antigua grabación conocida de música creada por ordenador, una chirriante interpretación del "God Save The King" concebida en 1951 en el laboratorio del genio británico Alan Turing.

La grabación, que se puede escuchar ingresando al siguiente enlace, dura dos minutos y en ella se suceden tres piezas, de agria y casi inquietante tonalidad: el propio himno británico, la canción para niños "Baa Baa Black Sheep", e "In The Mood", el gran éxito de jazz de Glenn Miller.

Sobre esta última pieza, una alegre presentadora comenta los fallos del ordenador, riéndose: "Desde luego la máquina no estaba de humor (en inglés: +not in the mood+)", en juego de palabras con el título de este gran éxito del género 'big band'.

Esta grabación excepcional había sido redescubierta en 2008 cuando la comunidad científica preparaba el 60 aniversario del nacimiento de "Baby", considerado como el primer sistema informático con programa integrado.

Acaba de ser restaurado por Jack Copeland, profesor de la Universidad de Canterbury (UC) de Christchurch (Nueva Zelanda) y por el compositor Jason Long.

La historia de esta grabación 'antepasada' de todas las músicas electrónicas está íntimamente vinculada a los primeros pasos de la informática y a las investigaciones de la Universidad de Manchester y de su científico más célebre, el matemático Alan Turing (1912-1954).

Años después de haber contribuido a descifrar en la Segunda Guerra Mundial los códigos nazis producidos por la máquina Enigma, Alan Turing prosiguió en Manchester sus investigaciones pioneras en las máquinas Mark 1 y Mark 2, herederas de "Baby".

Fue un joven profesor, Christopher Strachey (1916-1975), quien sería uno de los mayores informáticos del Reino Unido, quien se encargó de elaborar un programa informático musical, sobre la base del manual de utilización del ordenador de Turing.

En una entrevista en 1974 a una revista especializada, este pianista de talento relató esa noche de 1951 que dedicó a pasar pacientemente a esta enorme máquina, que ocupaba casi toda la parte baja del laboratorio, el programa que había escrito.

"A la mañana siguiente, para nuestra gran sorpresa, el ordenador expectoró ruidosamente el himno nacional", relata Strachey. "Turing, sin abandonar su habitual sobriedad, se limitó a musitar un lacónico +bravo+", añade.

Alan Turing murió en 1954 por envenenamiento de cianuro, dos años después de haber sido condenado a seguir, debido a su homosexualidad, un tratamiento de castración química. La tesis generalmente admitida del suicidio nunca fue formalmente probada.

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