La furia del huracán Matthew se comenzaba a sentir la tarde del viernes en la costa centro-este de Florida, donde las riberas del río St. Johns estaban inundadas y el agua del mar fluía en las calles de la ciudad colonial de St. Augustine.

Las autopistas y calles estaban desiertas, las tiendas cerradas y no se veía un alma en la intemperie. Algunas áreas costeras estaban bajo toque de queda y la visibilidad para conducir era de unos metros, antes de convertirse en una densa pantalla blanca.

Los vientos, que soplaban a 96 Km/h a medida que el ojo de Matthew se avecinaba a Jacksonville, ya había arrancado algunas árboles, ramas y carteles y causaba cortes de electricidad.

Las calles de la pintoresca ciudad costera de St. Augustine, la más antigua de Florida fundada por los españoles en el siglo XVI, estaban inundadas por la crecida del mar.

Las playas estaban cerradas, no sólo para nadadores o surfistas sino además para los rescatistas, luego de que las autoridades insistieran en que todo el que permanezca en zonas de evacuación estará "por su cuenta". 

Viene la crecida

Las autoridades advirtieron la mañana del viernes que, si bien los vientos de Matthew habían decrecido en fuerza hasta convertirse en huracán categoría 3, de todos modos se esperan crecidas de hasta 3 metros en el río.

"Aunque la tormenta se haya degradado, todavía vendrá la crecida", dijo el alcalde de Jacksonville, Lenny Curry, en una conferencia de prensa en la mañana del viernes.

Refiriéndose a las órdenes de evacuación, que afecta a casi 500.000 personas -un tercio de las cuales se cree que no obedecieron- el alcalde añadió: "Ya perdimos esa ventana, ahora les pido que se quede donde sea que estén".

También el gobernador Rick Scott dijo que estaba "especialmente preocupado" por las crecidas que se esperan en el río St. Johns.

El jueves, los refugios estaban abarrotados en una carrera frenética para salvar personas y mascotas del "potencialmente desastroso" huracán.

El mayor refugio de St. Augustine alcanzó el límite de su capacidad con 500 personas y sus autoridades negaban la entrada a frustrados huéspedes, que debían devolverse bajo la lluvia y con las almohadas bajo al brazo.

Tras dejar un dramático balance de 400 muertos en Haití, el ojo de Matthew se acercaba a Jacksonville con vientos máximos sostenidos de 185 Km/h, según el boletín del Centro Nacional de Huracanes (NHC).

Matthew se debilitó un poco el jueves por la noche, volviendo a bajar a categoría 3 de la escala Saffir-Simpson, de cinco niveles, pero seguía siendo "extremadamente peligroso", advirtió el NHC.

PUB/CF