El Partido Progresista y el Partido de la Independencia, en el poder desde 2013, seguirán gobernando en coalición con el hasta ahora titular de Agricultura, Sigurdur Ingi Jóhannsson, como primer ministro tras la dimisión ayer de Sigmundur David Gunnlaugsson, relacionado con los papeles de Panamá.

Así lo anunciaron tras una jornada maratoniana de reuniones el líder del Partido de la Independencia y ministro de Finanzas, Bjarni Bendiktsson, y el "progresista" Jóhannsson, que informaron además de que las elecciones generales, previstas para dentro de un año, se adelantarán al próximo otoño.

Tanto el cambio de primer ministro como la composición del nuevo Gobierno se formalizarán mañana, informaron los líderes del Gobierno de centroderecha islandés, que en los tres últimos días ha estado sometido a fuertes presiones externas e internas.

El anuncio culminó una jornada de incertidumbre después de que el primer ministro saliente emitiera anoche un comunicado en el que aseguraba no haber dimitido y que solo dejaba el cargo temporalmente en manos de Sigurdur Ingi Jóhannsson, una afirmación que fue desmentida luego por pesos pesados de su partido.

Sigmundur David Gunnlaugsson, que conservará su acta de diputado, se convirtió en la primera víctima de los denominados papeles de Panamá sobre el uso de sociedades en paraísos fiscales por distintas personalidades de diferentes ámbitos a nivel internacional.

Las informaciones difundidas el domingo por diversos medios y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación revelaron que él y su esposa, Sigurlaug Pálsdóttir, poseían una sociedad en las Islas Vírgenes Británicas de nombre Wintris.

Allí depositaron casi 4 millones de dólares en bonos de los tres grandes bancos islandeses, hundidos en la crisis de 2008; y a fines del año siguiente, meses después de entrar en el Parlamento, David Gunnlaugsson vendió su 50 % en la firma a su esposa por un dólar.

Aunque reiteró que ni él ni su mujer usaron la empresa para no pagar impuestos en Islandia y rechazó inicialmente que fuera a dimitir, las presiones externas, tanto políticas como de miles de manifestantes, y en su propio partido forzaron ayer su salida.

Gunnlaugsson había pedido horas antes al presidente del país, Ólafur Ragnar Grímsson, la disolución del Parlamento, algo a lo que este se negó hasta hablar con Bjarni Benediktsson, que también aparece en los papeles de Panamá.

Las cuatro formaciones opositoras -socialdemócratas, Partido Pirata, Movimiento de Izquierda Verde y Futuro Brillante- habían presentado el lunes una moción de censura contra el Gobierno que no se ha llegado a votar.

Las protestas registradas estos días en Reikiavik han recordado a las vividas en 2008 tras el estallido de la crisis que provocó la caída del gobierno, le costó el cargo al conservador Geir Haarde y dio paso por primera vez en 2009 en la historia del país a un ejecutivo de izquierda entre socialdemócratas y rojiverdes.

Cuatro años después Gunnlaugsson asumió el poder tras convertirse su centrista Partido del Progreso en vencedor moral de los comicios, gracias a un espectacular ascenso y pese a que la fuerza más votada había sido el Partido de la Independencia.

Su salida del Gobierno estos días era una reclamación popular, al igual que el adelanto de las elecciones: según una encuesta difundida ayer por la televisión pública Rúv, el 81 % de la población se mostraba a favor de su marcha.

Otro sondeo, publicado hoy por medios islandeses, pronostica un derrumbe de los dos partidos del Gobierno, que reducirían su apoyo del 52,6 % de 2013 al 29,5 % en unos hipotéticos comicios, y un claro triunfo del Partido Pirata, que obtendría el 43 %.

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