Cerca de 90 personas han muerto durante los enfrentamientos de este fin de semana en la capital de Burundi. Se trata del peor brote de violencia en el país africano desde el fallido golpe de Estado el pasado mayo.

Las explosiones y los disparos no han dejado de sonar en las últimas 48 horas. Los vecinos y funcionarios se han pasado el fin de semana recogiendo los cadáveres acribillados en las calles de la ciudad.

El ataque a tres instalaciones militares en Bujumbura, la capital, este pasado viernes desencadenó los enfrentamientos. El portavoz del Ejército, Gaspard Baratuza, ha señalado que murieron 79 atacantes y otros 45 fueron capturados. Además fallecieron cuatro policías y cuatro soldados.

"Las operaciones de búsqueda han terminado", ha dicho Baratuza, que ha indicado que se han confiscado armas y municiones.


El abismo de un conflicto étnico

Los choques estallaron en abril cuando el presidente Pierre Nkurunziza anunció sus planes para gobernar durante un tercer mandato. Sus intenciones de perpetuarse en el poder reabrió las heridas de una guerra civil que desangró el país durante 12 años y terminó en 2005.

La última ola de violencia ha avivado las tensiones en una región todavía muy volátil dos décadas después del genocidio en la vecina Ruanda, que tiene la misma mezcla étnica.

Los enfrentamientos de este fin de semana fueron condenados por Estados Unidos, que al igual que otras potencias occidentales teme que la nación centroafricana pueda volver a caer en el conflicto étnico.

El Consejo de Seguridad de la ONU fue informado sobre la evolución de Burundi a última hora del viernes. La embajadora de EEUU ante las Naciones Unidas, Samantha Power, que es presidenta del consejo en diciembre, ha dicho que estaban dispuestos a considerar "medidas adicionales".

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