Las pancartas arriba, los mariachis de fondo: centenares de manifestantes se apostaron el lunes ante las escalinatas de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, que evalúa un caso que afectaría a millones de inmigrantes indocumentados, en su mayoría mexicanos.

Con cánticos de "Sí se puede" y pancartas con forma de corazón en los que se leía "Mantengan unidas a las familias", medio millar de personas se congregaron bajo un ardiente sol ante el máximo tribunal del país, en medio de estrictas medidas de seguridad previo a la crucial audiencia.

"Tenemos la autoridad moral. Hoy es el día de justicia", dijo ante la multitud el senador de origen cubano Bob Menendez, que pudo acceder al interior del edificio para escuchar los argumentos orales.

Los ocho magistrados deben decidir sobre el futuro de un conjunto de medidas ejecutivas del presidente Barack Obama que protegen de la deportación a indocumentados con hijos estadounidenses y a quienes llegaron al país antes de los 16 años de edad.

Entre cuatro y cinco millones de inmigrantes clandestinos serían afectados.

Una de ellas es Roshell, una joven mexicana de 17 años de Alabama (sur), que fue traída al país de manera clandestina por sus padres cuando era una bebé. Como Alabama se opone a las medidas, no puede trabajar ni estudiar, aunque le indicaron que tiene que pagar impuestos.

"Hay muchas barreras que no me permiten ir al colegio, no puedo tener una licencia, ni un trabajo", dijo a la AFP.

La audiencia también resalta los intentos de Obama por evadir un Congreso hostil, lo que sus detractores ven como una extralimitación de sus poderes.

Texas y otros 25 estados se negaron a implementar las medidas, que están bloqueadas por otros tribunales.

La decisión de la Corte Suprema se espera para finales de junio.

La multitud ante el tribunal representaba el amplio espectro que acompaña el movimiento para regularizar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

El himno estadounidense sonaba con música mariachi y grupos gospel cantaban, ante un compendio de líderes religiosos, activistas y familias; inmigrantes y estadounidenses nativos.

"Todos somos inmigrantes en Estados Unidos", dijo a la AFP, Margaret Harms, una estadounidense de 66 años de Michigan (norte), relatando sus orígenes en Noruega.

"Es el miedo al otro lo que nos separa", afirmó.

La inmigración es una de las principales banderas de los aspirantes republicanos a las elecciones presidenciales, especialmente del favorito Donald Trump, quien prometió construir un muro en la frontera con México y deportar a los indocumentados.

 

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