Hoy, 14 de octubre, el gobierno de Estados Unidos anunció una flexibilización considerable en el embargo económico que su país mantiene con Cuba desde hace décadas con motivo de la nacionalización de sus recursos. Pero un 14 de octubre de hace 54 años, las noticias sobre las relaciones entre ambos países no eran tan esperanzadoras.

Todo empezó cuando un avión de reconocimiento U-2 fotografío una instalación, que parecía ser soviética, en la isla de Cuba. Fotografías mostraban una serie de plataformas de despegue de misiles balísticos, capaces de portar cabezas nucleares. Esto, debido al acercamiento entre cubanos y soviéticos producido después del intento de invasión en la bahía de Cochinos, en 1961; Cuba se sintió desprotegida, y vio en la Unión Soviética un aliado al cual poder arrimarse.

Al gobierno de Nikita Jrushchov le gustó la posibilidad de dar protección a Cuba. La proximidad de la isla con el estado de Florida, a poco menos de 145 kilómetros, le daba a los soviéticos la opción de, ante cualquier eventualidad, atacar territorio estadounidense sin darles posibilidad de reaccionar a tiempo. Así fue que los gobiernos de Jrushchov y Castro acordaron la instalación de plataformas lanzamisiles, y el desplazamiento de 42 cabezas nucleares hacia la isla.

El presidente estadounidense, John F. Kennedy, anunció el 22 de octubre por televisión lo que estaba sucediendo. En ese discurso, anunció la idea de crear un cerco militar alrededor de la isla, para lo cual desplegó unidades de la flota y de la fuerza aérea estadounidenses. Jruschov respondió: “La URSS ve el bloqueo como una agresión y no instruirá a los barcos soviéticos a que se desvíen”. Aún así, lo hicieron.

La tensión llevó a su punto álgido cuando los soviéticos derribaron un avión de reconocimiento U-2 similar al que había tomado las primeras fotografías. Pero el mismo días, 27 de octubre, Jrushchov propuso a Kennedy que los soviéticos desmantelarían su armamento en Cuba, siempre y cuando los estadounidenses se comprometieran a no seguir apoyando invasiones a Cuba, y que hicieran lo propio con sus posiciones en Turquía.

En las negociaciones se excluyó la posición cubana, provocando el enojo de Fidel Castro. Tanto Kennedy como Jrushchov compartían posiciones similares: el responsable de la crisis era Cuba. Así, las situación se resolvió sin necesidad de que una de las dos potencias mundiales resultara perdedora.

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