Keiko Fujimori (Lima, 1975) está buscando desde hace varios años convertirse en presidenta de Perú. Hija de Alberto Fujimori, controvertido ex presidente peruano de la década de los noventa, formó el partido político Fuerza Popular (antes Fuerza 2011, por la campaña que perdió con Ollanta Humala) con las cenizas del fujimorismo. Ahora, lidera las encuestas con más del 30% de la intención de voto, muy lejos de sus perseguidores.

Uno de los mayores cuestionamientos que se le hacen es cuánto pesará la figura de Alberto Fujimori en caso de que su hija llegue a ser presidenta. Los gobiernos de Fujimori estuvieron marcados por las políticas autoritarias que llevó a cabo desde que cerró el Congreso en el autogolpe de 1992. También, por casos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos a los opositores a manos de la inteligencia peruana bajo el liderazgo de Vladimiro Montesinos.

Son otros tiempos, pero Keiko no termina por desmarcarse. Mientras todo eso pasaba, fue primera dama de Perú con 19 años, la más joven de la historia, debido al divorcio de sus padres. Mientras, su madre acusó a Fujimori de ejercer violencia física sobre ella. Alternó el cargo con sus estudios de Administración de Empresas en la Universidad Estatal de Nueva York, Estados Unidos, aunque se graduó de la Universidad de Boston. La Contraloría peruana investigó los orígenes de los fondos para financiar dichos estudios, y los fiscales destacaron que Keiko dio “versiones contradictorias” sobre este tema.

Volvió a Perú en 2000, y plantó cara a los medios de comunicación cuando su padre renunció a la presidencia vía fax desde Japón. Luego, volvió a irse a EEUU, esta vez a hacer una maestría en Columbia, también sobre negocios. En 2006, fue elegida congresista por la agrupación de partidos fujimoristas, donde presentó proyectos para ampliar la pena de muerte a casos de violación a menores de edad seguida de muerte. También, ha defendido las reformas ejecutadas por su padre en los noventa, sobre todo las económicas; un gran grupo de peruanos las relaciona con el éxito económico actual del país; la Cepal estima que el PIB de Perú crezca en un 3,4%, muy por encima del promedio regional (0,7%).

¿Qué significaría Keiko para Perú (y para Chile)?
“El triunfo de Keiko significaría un retroceso para la democracia peruana,y sin duda un giro hacia una política autoritaria”. Para Pablo Jofré, corresponsal de Rusia Today en Chile y analista internacional, la imagen de Keiko está muy asociada a la de su padre, “un dictador, preso, cuyo mandato significó un periodo oscuro en Perú”. ¿Esto significa que los peruanos apoyan este tipo de gobiernos? “La población peruana es mayoritariamente joven, que ha vivido de forma más involucrada con las políticas peruanas desde la década del 2000. No tienen en su memoria los años del fujimorismo ni del montecinismo”, dice Jofré. “Ella nunca se ha desmarcado políticamente de la figura de su padre”.

Similar opinión, aunque matizada, tiene Gilberto Aranda, profesor asociado del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y autor, entre otros libros, de ”Mesías Andinos. Continuidad y discontinuidad entre Velasco Alvarado, Fujimori y Ollanta Humala”. “Creo que la continuidad se da sólo en términos económicos y de relaciones internacionales. El gobierno de su padre veló por tener buenas relaciones con sus vecinos, incluido Chile”, dice Aranda. “Un aspecto clave de los autoritarismos es su forma de llevar los derechos humanos. En la década de los 90 hubo violaciones, cosa que no tiene relación con Keiko”. De todas formas, la candidata de Fuerza Popular no ha reconocido nunca que esto haya ocurrido durante el gobierno de su padre.

Según la última encuesta GfK, el grueso del electorado que eligió a Keiko como intención e voto está en las clases bajas: un 39% de los sectores D/E. Es ahí donde apunta su campaña, asociando su figura a personajes populares. “Ahora hay una campeona de motonáutica en su lista congresal que no sabe nada del Parlamento, pero es un guiño a las clases medias”, dice Ramiro Escobar, analista y corresponsal del diario El País en Lima. “Ella está enfocando así su campaña porque hay un nuevo antifujimorismo en las clases altas que antes no había. Ahora tienen a Kuczynski”, dice. Y agrega: “Diría que estas elecciones están siendo tristemente divertidas”.

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