El nuevo escenario, que hasta hace poco era incluso “inimaginable”, sumerge a Estados Unidos y sus aliados y adversarios en un período de profunda incertidumbre sobre las políticas y el impacto de su administración.
Se abre “una nueva era para los republicanos”. Ahora las políticas del partido serán las de Donald Trump, que no son el libre comercio, el recorte de gasto social y las posturas antirrusas.
Una transición que no será nada fácil y terminará el 20 de enero, con el traspaso de poderes.  Desde Publimetro hablamos con varios analistas políticos acerca de cómo se dibuja el nuevo panorama en EEUU.


Demócratas abatidos


Según Guido Larson, analista político de la UDD, el triunfo de Trump supone una crisis profunda  para el Partido Demócrata, no solo porque perdieron una carrera presidencial que creían ganada sino porque no logran equilibrar las fuerzas políticas en el Parlamento. Hillary Clinton (y Bernie Sanders) son políticos de la vieja guardia, y al observar la forma en que se llevó la primaria,  no hay realmente líderes demócratas más jóvenes que sirvan de recambio. Por consiguiente, es posible que el partido entre en un profundo proceso de introspección y de diagnóstico en el que tendrán que evaluar una plataforma política más ambiciosa y completa, que simplemente enlistar cosas que podrían hacer si llegan a ser gobierno, sostiene.


Por su parte, el politólogo Roger Senserrinch  destaca que Hillary Clinton y los demócratas sin embargo, sacaron más votos que Donald Trump a nivel nacional(Hillary  ganó por dos puntos), los republicanos acumularon grandes triunfos gracias al colegio electoral y a la concentración del voto demócrata en ambas costas. “Parece un tsunami electoral, pero es sobre todo el resultado de un conjunto de reglas electorales que perjudican a los demócratas”, recalca.


Los demócratas se opondrán firmemente a la agenda de Trump para aumentar el gasto militar, recortar los programas sociales y construir el muro fronterizo, señala  Elizabeth Sherman, profesora de Políticas Públicas de la American University de Washington D.C, aunque no les será nada fácil dada la dominancia republicana.


Cómo queda el escenario político


Senserrich  sostiene que es un cambio enorme desde el punto de vista de poder político: los republicanos han acumulado una cantidad gigantesca de poder estas elecciones: la presidencia, las dos cámaras del Congreso, varios nombramientos cruciales en el Tribunal Supremo a nivel federal y una auténtica oleada de victorias legislativas en los estados. De esta forma, los republicanos controlan 68 de las 99 cámaras legislativas y “trifectas” (las dos cámaras legislativas y el gobernador) en la mitad de los estados. El control estatal es especialmente relevante, ya que son claves de la implementación de políticas federales.


Larson por su parte sostiene que en este contexto, cabe determinar hasta dónde es posible llevar a cabo las propuestas de campaña de Trump y cuánto cabe moderar.
Para Jeanne Simon, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Concepción,  los medios de comunicación tendrán que repensar sus estrategias para  comentar el nuevo gobierno si quieren influir en la opinión pública.


Cómo será la convivencia en el Congreso

Muchos republicanos  pensaban que Trump no ganaría, y por ende apostaron por una estrategia de distanciamiento, asumiendo que su discurso era demasiado polarizador y demasiado radical. Dado que perdieron esa apuesta,  es posible que los primeros seis meses sean de “luna de miel”, donde posiblemente habrá señales de subordinación por parte de las voces republicanas discordantes. Después de eso,  la relación con el Congreso dependerá de cómo vaya evaluándose la aprobación de Trump y el impacto de sus políticas, diagnostica Guido Larson.

Para Senserrich es una incógnita,  pues sostiene que Trump, ideológicamente, es bastante distinto que el resto del partido republicano en muchos temas: es mucho menos conservador en materia fiscal, mucho más agresivo en temas de inmigración, y mucho más proteccionista que sus compañeros de partido. Mucho dependerá sobre qué temas de su agenda reciben más prioridad. Si Trump es cauto, puede dejar alguno de sus temas estrella de lado y empezar intentando legislar sobre cosas en que hay puntos en común, e ir desarrollando su programa.

Mi intuición,  sin embargo, prosigue Senserrich “es que la cautela no es una de las grandes virtudes del nuevo presidente, así que seguramente intentará afirmar su primacía con algún tema popular pero que enfada a sectores de su partido. Sería una repetición de lo que vimos con Bush el 2004, tras una victoria electoral mayor. Su primera medida legislativa fue una privatización de la seguridad social que asustó al a rama moderada de su partido, y acabó por bloquear gran parte del resto de su agenda cuando esta fracasó”.


El gobierno de Donald Trump

Para Jeanne Simon el gobierno de Trump será menos diplomático pero parecido al de varios presidentes republicanos, como por ejemplo el de George W. Bush. Senserrich  cree que el equipo de transición presagia un gobierno bastante tradicional lleno de lobistas, con la diferencia de que Trump tiene muchos más amigos cercanos y familiares en algo que puede ser una fuente de conflictos de interés. Por su parte Larson sostiene que dada la imprevisibilidad de Trump,  hay dudas razonables para pensar que su gobierno sea uno de compromiso, consenso, negociación genuina y acercamiento.

Larson añade que será un gobierno polarizado en dos vertientes. Por un lado porque dependiendo de lo extremo de sus políticas uno podría ver un distanciamiento progresivo de algunas figuras republicanos. Por otro lado destaca la polarización social. Dado que  la campaña ha demostrado que la fractura se encuentra en el centro mismo de la sociedad norteamericana, y viendo que el discurso abiertamente racista, xenófobo y misógino tuvo efectos electorales positivos, múltiples miembros del partido republicano pueden ver aquí una oportunidad que posiblemente aliene, no solo al sector demócrata, sino a miembros más centristas del propio partido.

Donald Trump como presidente


Elizabeth Sherman, sostiene que Trump va a encontrar el trabajo muy difícil y la gente evaluará  todos sus movimientos. “Podría encontrar esto muy frustrante porque el presidente no está a cargo y es en el Congreso donde hacen las leyes. Otras personas tendrán que ayudarle, y a él no le gusta seguir órdenes”, apuntala.
“Trump no es un sujeto  que conceda nada al adversario, es impulsivo, toma decisiones por instinto y es un neófito en el ámbito de las relaciones internacionales, lo que representa un riesgo mayúsculo para la presidencia que comenzará a encabezar”, dice Larson. En esta misma línea Senserrich sostiene que más que su agenda en sí, lo que más temen los detractores de Trump es que tiene prejuicios y actitudes que le hacen un mal jefe de ejecutivo.

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